martes, 30 de abril de 2013

FORMOSA


“Formosa, tierra de largas siestas e interminables tererés”

Su himno – marcha  dice que se hace curva  en el costado norte de la patria y tantas cosas que me identifican y me hacen recordar  el suelo arcilloso. Ese que cuando sopla el cálido viento norte se transforma en polvo que todo lo cubre, que todo lo pinta con ese gris, tierra.
Formosa tiene esa vinculación estrecha con el río Paraguay, por ser el punto de llegada de los primeros buscadores de nuevas tierras, con esas personas que buscaban su lugar en el mundo y en esa precisa “curva” edificaron, plantaron sus raíces y se establecieron. En tandas u oleadas diferentes, esas personas llegaron y le fueron dando su impronta, marcaron sus huellas y construyeron sus senderos.
El calor, el viento, el paisaje condiciona, quiérase o no, a quien habita esa porción del mundo que llamamos Formosa. Esa Formosa de Argentina, distinta de esa de Brasil o de Oriente. Formosa es sinónimo de calor y de viento norte; pero también de tereré. Pues la hidratación se hace necesaria para sobrellevar la pérdida de líquido por las altas temperaturas. Y no existe mejor remedio contra la pérdida de líquido con ingerir el tereré, con limón, con hojas de mango, con hojas de pata de buey, con zarza parrilla, con perdudilla, con lo  que corresponda.
Formosa es siesta, con sus chicharras, con sus leyendas de duendes de la siesta (El Pombero y otros tantos más), con sus personajes característicos que conocí en mi infancia, como Baldomero.
Formosa es sombra, es agua y árboles bajo cuyas sombras se adormilan los sentidos cuando el sol está en el cenit, cuando el calor acusa los 40 o 48 grados. Es compartir esa agua fresca servida en cuernos de ganado vacuno que llamamos “guampa”, en jarritas de aluminio o en vasos de mil formas y termos de cien colores y tamaños. De allí lo de ‘Formosa, tierra de largas siestas e interminables tererés’.
Volver de la escuela al medio día es un trago amargo, cuando las fuerzas no te dan para luchar contra el viento norte, que te sopla en contra.  Lo recuerdo bien… cuántas veces vi bajarse a los que marchaban en bicicleta por no poder seguir pedaleando. Y en sentido contrario ver pasar, como bólidos, a los que venían con viento a favor.
Formosa es el sonido de las ranas cuando el agua están pidiendo o anunciando, según la versión de cada quien. Es ese interminable chillido en tanto esteral que se extiende por diestra y siniestra. Es el trino o canto de las palomas silvestres, tan características en esas horas de la siesta.
Formosa es también, desde que existe el pavimento, ese mar o río incandescente que se ve mirando a lo lejos sobre esa masa de asfalto que empieza, o termina, en la plaza principal de la ciudad capital, o de cada pueblo donde el pavimento está presente. Pero es también ese gris-marrón polvo que se levanta con el paso de cualquier vehículo andando a más de cuarenta kilómetros la hora.
Formosa es eso y es mucho más. Es ese habitante primero de estas tierras: los Wichis, Pilagás y Tobas. 
 Puestos del mercado donde comprar lo necesario para el tereré.


Chipas para antes del tereré o para la merienda...

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