jueves, 28 de enero de 2016

Listado de cuentos publicados en este blog



Presentación del libro Coro Esperanza 1985-2015 30 años de actuaciones
 (2015) 

Estimado lector, en esta entrada podrás leer el título de todos mis cuentos publicados en este blog, *hasta la fecha (28/01/16).
Para leer cada uno de ellos te invito a hacer el click sobre el título que prefieras y así acceder a los mismos. 


























































lunes, 25 de enero de 2016

jueves, 21 de enero de 2016

Serie Túneles en Bubok

Estimados cybernautas, seguidores u ocasionales contactos, a partir del día de hoy está disponible, completamente gratis, mi último libro "Serie Túneles" en la plataforma de Bubok Argentina.



Serie Túneles - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 

Este libro reúne siete cuentos que giran siempre sobre el mismo tema: un túnel. Cada túnel es parte de la historia de personajes cuyas vidas están vinculadas fuertemente con la existencia del mismo.
En "El túnel de don Belmiro" se narra sobre un túnel de un centro de salud, donde se percibe la presencia de algo o alguien y las enfermeras consideran que es el espíritu de un paciente que vagabundea por el lugar, como lo hizo en los últimos períodos de su internación.
En "El túnel del caudillo" dos compañeros de trabajo llegan a una cantina a orillas de un camino vecinal. Allí le cuentan la historia de un hombre que mandó construir túneles bajo su casa, para huir de sus posibles enemigos.
Por otro lado, "Túnel al amor" trata sobre lo que ocurre mientras inician obras de restauración de una casa. Descubren la existencia de túneles que desembocan en los sótanos de la residencia. Investigan y comprueban que son vestigios de conductos que unían dos centros asistenciales de salud, que oficiaban también como lugares de reclusión de hombres y mujeres, quienes se daban cita, en secreto, bajo la casa.
En "Un túnel bajo el agua" amigos y sus parejas respectivas pescan a orillas del agua, cuando una de las mujeres relata la existencia de un túnel, justo bajo el agua, en la zona donde están. El túnel y su entrada de acceso se mantienen en secreto por razones de seguridad o puede ser sólo el divague de un ex-soldado, pasado a retiro por cuestiones de alcoholismo. 
Los otros tres cuentos que conforman esta serie sobre el mismo tema son: "Túnel al osario"; "La carta del hombre de la silla" y "El Armario".

domingo, 17 de enero de 2016

Un nuevo libro: Serie Túneles

Estimado lector del blog, de Google +, de la red de redes... Te cuento que terminé, hace instantes, de armar y registrar los cuentos que conformarán el nuevo libro de cuentos que próximamente publicaré, seguramente que en la Editorial Bubok, como el resto de mis libros. Pero eso es algo que se viene en los próximos días. 
Te dejo, más abajo, una imagen de cómo podría ser la portada. 
Además, me interesa compartir con vos los títulos y un poco de información de cómo se gestó este libro, durante el año 2015 y principios de 2016. 
Un día cualquiera de 2015 me propuse escribir un grupo de cuentos sobre una temática común. Mi interés fue saber si podía tratar un tema desde diferentes perspectivas o narrar sobre un tema pero siempre con algo distinto que aportar. Y bueno, a medida que surgieron los textos, que fue dándose muy rápidamente, me percaté que tenía algunos cuentos escritos sobre el asunto y lo que hice fue incluirlos. 
Escribí especialmente para esta ocasión cuatro cuentos, en tanto que se adjuntaron, al proyecto, tres escritos previamente: "Túnel al osario"; "La carta del hombre de la silla" y "El armario". 
Las narraciones que surgieron para este proyecto fueron: "El túnel del caudillo"; "Un túnel bajo el agua"; "El túnel de don Belmiro" y "Túnel al amor". 
El título Serie Túneles tiene que ver con el objetivo trazado desde un principio, el crear una serie de cuentos sobre una temática común. Y lo pensé antes de tener el conjunto de cuentos escritos. Y quedó así, simplemente: Serie Túneles.


Simplemente, para finalizar, te invito, amigo lector, a leer los textos que conforman este nuevo libro aquí, en este blog. Sólo tienes que darle clik sobre el título que prefieras leer. 
Y, como siempre, te invito a comentar si lo deseas. 













Cuento - El túnel del caudillo



La noche empezaba a insinuarse, era como las seis de la tarde, en pleno invierno. El sol se ocultaba veloz tras la inasible línea horizontal, justo cuando llegábamos al almacén-cantina de don Indalecio. Un punto de encuentro de peones, capataces y otra gente de campo.
La cantina tiene de todo, o, casi. Tanto hay bebidas blancas como cervezas, vinos o fiambres; así también herramientas, útiles de limpieza como calzados y... ¡quién sabe qué más!
Llegamos al lugar por casualidad con un amigo y compañero de trabajo. Realizamos el tendido de líneas telefónicas y nos tocó hacer instalaciones en un pueblo a unos ochenta kilómetros de la capital. Era tarde, habíamos terminado la jornada, y desde la ruta, vimos algo de luz. Apenas se notaba la presencia de lo que nos pareció un almacén de campaña. No nos equivocamos.
Nos acercamos despacio con el vehículo; pero estando cerca quedó claro que era una suerte de pulpería, de viejo almacén de campaña. Conserva, al mirar en su interior, sobre el mostrador, una reja característica de las viejas pulperías. Ésta cubre sólo la mitad del mostrador, siendo hoy poco más que adorno y no cumple con su cometido del pasado de separar al gaucho, al cliente, del que atiende la cantina-almacén. 
Descubrimos que el lugar es el punto de reunión, casi obligado, de los parroquianos en las horas de la noche, pues poco después de la caída del sol se fueron acercando, saliendo no sé de dónde, uno a uno, varios hombres que llegaron de a pie o en motos pequeñas.
Nosotros, por nuestro lado, a esa altura del día, sentíamos el cansancio acumulado, y, siendo el último día de la semana laboral, nos dimos la oportunidad de tomar un descanso. Por eso pedimos la primera cerveza, más una picada de queso de chancho y pan.
A pocos kilómetros estaba el pueblo. Habíamos acordado quedarnos allí el fin de semana. Un viejo amigo nos ofreció hospedaje. Lo llamamos y prometimos llegar sobre las diez de la noche. Nos esperaba.
Entre charla y charla surgió una historia interesante. Resulta que en la zona vivía un caudillo político que había mandado construir una serie de túneles para poder escapar de eventuales perseguidores.
Según el relato de don Indalecio, el túnel tenía más de una entrada en el interior de la casa e igualmente varias salidas en el exterior. Todas, claro está, estaban perfectamente ocultas. Y los tres o cuatro hombres que los habían construido al túnel, habían desaparecido. "Cómo si los tragase la tierra..." aclaró don Indalecio. Él conocía el tema por boca de un estanciero de la zona, amigo de uno de los nietos del caudillo.
̶ Don Elías, era nieto del viejo caudillo. Él dice que descubrió el túnel por casualidad, jugando en la casa -relata don Indalecio. Le preguntó a su abuelo –continuó- y éste casi lo muele a palos. Sin embargo, el viejo caudillo, prefirió contarle una gran mentira y le pidió que jurase, por su vida, no mencionar a nadie sobre el tema, nunca. "La historia del mundo, depende de eso"-le dijo y lo convenció no más. Pues pasaron muchos años antes de que él se animara a compartir la historia. 
̶ ¿Y qué le dijo el viejo? –pregunté, sin aguantarme.
̶ Bueno... Él dice, que el viejo le contó que ese túnel llevaba hasta una cueva. A ella acudían unos seres que cuidaban la tierra, se encargaban de mantener el perfecto equilibrio de todas las plantas y animales. De ello depende –le aseguró- la vida del planeta.
̶ ¿Y el niño le creyó realmente? – quiso saber mi amigo Rodolfo. 
̶ Quizás, porque como le dije antes, juró que no hablaría del tema con nadie nunca. Y lo hizo recién después que el caudillo murió. Había entendido, en su adolescencia, que el abuelo tenía sus razones para mantener en secreto aquél túnel. Más de una vez escuchó historias sobre su actividad política, sobre sus pensamientos respecto de lo que debía ser el país, algo muy distinto a los tendencias comúnmente aceptados en la época del viejo caudillo.
̶ ¿Y don Elías, aún vive? – pregunté.
̶ Sí, vive – contestó don Indalecio que parecía disfrutar narrando aquellas historias del campo. Él mismo me contó –en oportunidades que pasó por aquí a tomarse una copita−que, varios años después de la muerte del caudillo, fue a la propiedad movido por la curiosidad que le provocaban aquellos  disimulados túneles.  Y lo interesante es que conserva, en su fuero interno, eso de que había hecho una promesa. Pero la curiosidad fue mayor.
"¿Y qué encontró?" –preguntó mi amigo, al mismo tiempo que yo.
̶ Descubrió que el túnel –continuó la narración el cantinero, pero antes hizo una larga pausa, mirando alrededor, como para confirmar que nadie lo estaba escuchando, excepto nosotros, o, para crear un aura de misterio a la cosa narrada− tenía ramificaciones.
̶ ¿Ramificaciones? –pregunté, casi sin querer.
̶ Sí, es que al túnel se accedía desde más de una entrada en el interior de la casa. Y además, tenía más de una salida. Una de ellas daba a un bosquecillo que bordea el río. Incluso encontró un tronco hueco, perfectamente cerrado en sus extremos con una suerte de brea y trozos de madera cabalmente encastrados, cubierto por ramas de arbustos. Esto –aclaró el nieto del caudillo– bien pudo ser una suerte de canoa que pasara desapercibida, para cualquier paisano que deambulara por esos lares.
El túnel está intacto en casi su totalidad. Por si fuera poco, está revestido por ladrillos en algunos sectores y, en otros, por piedras muy bien colocadas. Las entradas están disimuladas hasta el día de hoy.
La propiedad está habitada en la actualidad por una familia que desarrolla tareas rurales en el mismo predio. Son personas algo mayores y que nunca comentaron nada respecto a algún túnel o cosa parecida. Desconocen la historia del lugar, aunque saben que allí vivió el personaje al que se refieren como "el caudillo".
El nieto recorrió toda la extensión del túnel y sus ramificaciones de palmo a palmo y comprobó que era una prodigiosa obra de ingeniería, pues la obra se mantiene en pie y oculta a las miradas de extraños. Porque, aunque la historia es narrada por nuestro anfitrión don Indalecio, jamás nos refirió sobre el lugar exacto donde se encuentra la chacra.
La narración surgía de boca de don Indalecio en forma lenta, pausada, de voz ronca casi, grave, producto del tabaquismo. El tiempo había pasado, si lo medimos por la botellas de cerveza que se fueron abriendo. A esa altura éramos unos diez parroquianos que seguíamos, con mucha atención, las palabras del cantinero. La atmósfera que se había creado era increíble, parecía una suerte de teatro, donde, también nosotros, éramos actores invitados.
Pedro Buda
                                                                                                                                                    2015  

 
El túnel del caudillo - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 



*Este texto forma parte del libro Serie Túneles publicado en Editorial Bubok
Puedes visitar mi página en Bubok para conocer mis otras publicaciones.

cuento - Un túnel bajo el agua


Estábamos pescando en las orillas de la bahía, en la zona oeste, a los pies del cerro. El viento era suave y dejaba una suerte de murmullo al pasar entre las columnas del muelle.
Unas cuantas gaviotas y biguás −quizás un poco más de un medio centenar− parecían tomar el sol, apacibles, sobre unas desvencijadas estructuras de un antiguo muelle cercano. Los hierros, retorcidos y oxidados, mostraban el paso del tiempo en el nivel de deterioro que presentaban. También los restos de hormigón que faltaban por secciones, dan esa imagen de discontinuidad al antiguo muelle.
De pronto el pique comenzó a mejorar. Junto a mi esposa Juana y a una pareja de amigos disfrutaba de la tarde. Nuestros amigos, Matías y Sandra, contaron sobre algo que nos dejó intrigados. Conocieron, en la zona, a un marino retirado, un cabo dado de baja, que les contó sobre un túnel que empezó a construirse en plena época de la Guerra Fría.
El aire fresco invitó a degustar unos tragos de licor casero que teníamos en una bolsita de cuero, acompañarlo con bizcochos y el infaltable mate amargo
Juana estaba capturando imágenes, más que peces, aprovechando una potente lente que le habían prestado. Es verdad que poco le atrae la pesca, aunque siempre disfruta de estar al aire libre. Descansa, observa y después esas imágenes que registra las lleva al lienzo en momentos tranquilos. Sandra, en cambio, es periodista y tiene varios años encima. Trabajó  en varios medios del interior del país. Su curiosidad innata se amplifica por su formación como comunicadora. Su esposo suele decirle que no investigue tanto, que no profundice. Sin embargo, ella hace caso omiso de sus pedidos.
Sandra, como de costumbre, tomó la palabra e inició el relato del túnel que estaba allí, algunos cientos de metros adelante nuestro.
̶ Les digo que hay un túnel allí. No sé dónde exactamente,  pero se construyó en plena época de la Guerra Fría –dijo Sandra.
̶ ¿Un túnel? ¿Y para qué hacer un túnel si con una lancha trasladas todo lo que quieras? –Le propuse, al tiempo que recogía entusiasmado con el reel alguna pieza que creía había en el otro extremo del hilo.
̶ Eso si te importa o no que alguien vea lo que trasladas y cuando lo haces, etc. , etc. ¿Pero... qué si no quieres que nadie sepa lo que estás haciendo, y que eso suceda en las narices de todos? –Preguntó con una sonrisa Sandra.
̶ Vos y tu creencia de que siempre hay cosas ocultas. Aunque, para ser sincero, tantas veces la labor de ustedes los periodistas lleva a conocer lo que no nos quieren decir los gobernantes a la gente de a pie. Justamente por eso te quiero y te respeto negra −Le dijo, con su típica voz ronca de fumador, Matías.
̶ Mirá, la cosa del túnel me lo contó un tipo, un marino retirado, aseguró Sandra.
̶ ¿Y qué fue lo que te contó el hombre? –pregunté, a esa altura, con algo más de entusiasmo, tras guardar la presa capturada y encarnar de nuevo.
̶ Pues... como les dije, en pleno contexto de la Guerra Fría, los verdes construyeron un túnel desde sus instalaciones a la isla. El objetivo era instalar allí lanzas cohetes. Y eso no podía estar a la vista de todo el mundo, claro. El tipo contó que habían traído una máquina excavadora, que trabajaba bajo el lecho del río. Se colocaban caños de un diámetro adecuado, que tenía una superficie plana. Es decir, no era un cilindro completo, sino que tenía una superficie plana que iba hacia abajo y lo convexo hacia arriba, dejando un espacio interior plano en la base.
̶ ¡Qué loco! Parece un disparate. ¿Quién haría semejante trabajo sin un sentido muy claro? No lo creo, no –comentó Matías.
̶ Bueno, yo que sé. Pero lo empecé a investigar –aclaró Sandra. Parece que la idea era, sobre esa superficie, colocar rieles para transportar cosas en unas chatas muy pequeñas. Como para colocar una suerte de zorra diminuta en el cual transportar incluso hombres acostados, que así serían trasladaos de un punto al otro. Mientras en la superficie se mostraría alguna lancha que otra sin mucha actividad. Todo lo importante estaría bajo la bóveda del tinglado que aún vemos hoy, pero, en realidad bajo la superficie, por debajo del nivel del mar.  
̶ Estaban enfermos –dije. Un gasto enorme... Pero interesante saber si es cierto ¿no?
̶ ¿Te parece? Si dicen que no se puede construir un túnel para subtes, no creo que construyan un túnel para eso –intervino Juana que estaba por fuera de la conversación aparentemente, pero, en realidad, estaba siguiendo el hilo de la misma. No sé lo que ustedes pueden llegar a ver, pero con estas imágenes que acabo de obtener se puede apreciar que era posible armar algo bajo esa inmensa estructura. Pero no creo que hayan edificado nada.
Sandra continuó el relato brindando detalles de la construcción. Pero recién al final aclaró que el hombre que les había relatado todo eso, lo hizo en medio de una reunión, durante la cual estaba bastante alcoholizado, como era costumbre desde hacía un tiempo a esta parte de su vida. Lo habían dado de baja por esa misma causa más un expediente de demencia a causa de lo mismo y nunca más había conseguido un trabajo fijo. Sin embargo, él aseguraba tener conocimiento de la construcción.
Cuando empezaba a caer el sol, mirábamos hacia el oeste para disfrutar el final de la tarde. La misma imagen alargada del sol sobre la superficie del agua semejaba un túnel cuyo final se hundía lentamente bajo el agua.
Pedro Buda
2015
 
Un túnel bajo el agua - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 



*Este cuento forma parte del libro Serie Túneles 
**Puedes visitar mi página en Bubok Argentina para conocer otros libros. 

Cuento - Túnel al amor




Lo que relataré aquí tiene que ver con el hallazgo de unos obreros al realizar unos trabajos de construcción en una antigua casona de un barrio de Monrou.
La casa en cuestión estuvo abandonada por años. Fue residencia de un jerarca de la administración pública y empresario de renombre del siglo XX. A mitad de ese siglo se construyeron también en esa zona, en dos cuadras aledañas, sendas edificaciones para uso sanitario. Es decir, se edificaron una suerte de policlínica para hombres, específicamente reclusos, al norte de esta casa, y, un centro asistencial para mujeres, en estado de detención, al sur. Estas construcciones no se realizaron al mismo tiempo, pero sí en la misma época, con poco más de un año entre el inicio de una y otra.
A estos centros asistían a personas de condición socioeconómica baja, que habían sido recluidos por delitos menores. Algunas de estas personas permanecían allí por largos periodos, tanto por sus padecimientos  como por su propia voluntad, pues se las ingeniaban para quedarse, al no tener otro lugar a donde ir, porque... o eran viejos y enfermos, o simplemente, no sabían cómo sobrevivir en medio de la sociedad con sus códigos diferentes.
Para realizar el mantenimiento de la casona, era fundamental rever el sistema de cimientos. Es un predio muy grande y con una importante edificación que terminó en manos del Estado, por deudas impositivas.
Los obreros hallaron en el sótano dos bocas de entradas a sendos túneles. Una se dirigía al norte y la otra al sur. Informaron al capataz y juntos pudieron revisar un tramo de cada túnel. Pero necesitaban más equipo y un motivo para seguir. De lo contrario, simplemente, tapiarían las entradas y seguirían con las obras de refacción. Allí fue cuando mi sección administrativa recibió la comunicación para ver el asunto y determinar si era o no de interés la investigación de esos túneles. De ese modo tomé contacto con esa historia escondida, esa que se daba bajo tierra.   
Al cabo de casi una semana obtuvimos los equipos de iluminación para ingresar más allá de los cuatro o cinco metros que pudieron recorrer los obreros con el capataz.
Con los operarios, al tener las luces, pudimos avanzar en eso de saciar una común curiosidad y en develar lo que jamás imaginamos. En parte, los túneles tenían una suerte de revoque grueso y ladrillos y, en otras tablas trabadas que revestían el interior de los pasajes. Logramos fotografiar y filmar los interiores. En algunos sectores de las paredes notamos dibujos pintados con poca delicadeza, como quien lo hace apurado o sin mucha técnica pero intentando dejar su mensaje. También percibimos leyendas que testimoniaban la función que habían cumplido esos túneles.
El sótano uno –así lo denominamos−  es al que llegan los túneles. Pero en realidad en la casona había tres sótanos, o tres secciones. Todos estaban conectados, pero uno de ellos es el más profundo. Al que llamaremos dos, es como un punto de contacto entre el más profundo (uno) y el más superficial (tres), que está apenas cuatro escalones por debajo de la superficie del piso principal de la casona.
La construcción tiene seis habitaciones –cuatro en la planta alta y dos en la planta inferior–, cuatro baños, una gran cocina, un salón comedor, un salón que oficia de recibidor en la entrada, y altillos sobre las habitaciones del piso superior. A un costado del terreno de cien por cincuenta hay una construcción accesoria que era usada por los caseros. Él oficiaba de jardinero y ella de cocinera.
En el edificio accesorio aún vive un sobrino de la pareja de cuidadores, padece ciertos problemas de relacionamiento o algo más que no sé determinar. Sin embargo, cuando hablamos se expresó muy correctamente.  Un hombre de unos cincuenta y pocos años, que tiene problemas de visión y padece de hipoacusia importante. Fue, justamente él, quien develó parte del misterio de los túneles. Pues, aún vive en el predio en un claro estado de abandono.
Cuando lo entrevistamos por el tema, para ver si sabía algo sobre lo que hallamos, nos acercó mucho a ese pasado que allí permanecía oculto. "Los presos construyeron los túneles para ver a sus mujeres" –dijo el hombre con una voz gangosa y haciendo gestos con las manos, indicando claramente que el encuentro era para practicar sexo.
"Una cuadrilla de presos realizaba tareas de mantenimiento en la casona. El jefe del centro para los hombres era amigo del señor 'Secretario'. Ellos –los presos− aprovecharon esa oportunidad para crear los túneles. Una suerte de capataz era el jefe de la cuadrilla, y también hacía las veces de cuidador. Estuvieron como seis meses trabajando, mientras que el señor 'Secretario' se encontraba, generalmente, de viaje por Europa. Tiempo después él murió, y el lugar quedó al cuidado de mis tíos.
Ellos sabían de los túneles y el fin de ellos. El conjunto de sótanos tenía cerraduras, varias cerraduras, cuyas llaves estaban en poder de mis tíos. Además, contaban con tranca posible de abrir sólo desde el interior de la casa. O sea, por mis tíos. No había forma de escapar".
El relato parecía verás y con el tiempo pudimos confirmarlo. Les dejo más de lo contado por el sobrino de los cuidadores: "El señor 'Secretario' no estaba al tanto de los túneles, sólo de ciertas modificaciones en los sótanos y la reparación de parte del edificio. De hecho, había mandado construir el sótano más profundo para su cava personal, para almacenamiento de quesos y otras cosas que le gustaba tener y a las que podía acceder por sus amplias vinculaciones, más allá de su posición económica. Solía realizar reuniones con importante número de personas de la alta sociedad de su tiempo. Por ello y por estar ausente gran parte del tiempo nunca se percató del movimiento de tierra que se había realizado en los meses que duró la construcción de los túneles. Que claro, coincidía con la finalización de la obra de refacción y ampliación  encomendada a los reclusos.
Los reclusos, además, de no permanecer en sus calabozos, tenían el beneficio de recibir una comida generosa, preparada por la cociera, mi tía. El contacto con ellos, eso sí, era sólo por medio del capataz y un guardia".
La cocinera, al principio, no supo del asunto de los túneles, pero sí se percató de ello el esposo. Calculó rápidamente que el movimiento de tierra era mayor al correspondiente al sótano accesorio. Pero se guardó de no decir nada al principio.
Una siesta aprovechó para ablandarle la lengua al capataz. Le sirvió un vino jerez con bizcochuelo de naranja. Poco a poco fue introduciendo el tema y rato después, el capataz, le confió sobre los túneles. Los cuales, al principio, no tenían conexión con el sótano más profundo, sino que terminaban en un cuarto sótano muy estrecho. También conectado.
Pero las circunstancias cambiaron con el agravamiento del estado de salud del viejo funcionario, que llegó al desenlace casi inesperadamente. Como faltaba para terminar las obras de remodelación de la casona, simplemente dejaron sin efecto el cuarto sótano secreto, y los encuentros se realizarían en el sótano más profundo de la casona. Todo estaba dispuesto para colocar los vinos, algún que otro pequeño barril y algunas cosas más. Entre las maderas que servían para sostener botellas en una pared estaba el acceso a la unión de los túneles sur y norte.
Enterado el jardinero se le hizo comprender que del tema no debía hablar con absolutamente nadie, so pena de padecer la peor de las muertes con sufrimiento previo. Su pareja debía estar al tanto de todo, incluso de la amenaza. La última semana, antes de concluir los trabajos, el capataz, con voz pausada le explicó las consecuencias de deslizar cualquier comentario a alguien sobre el asunto.   
Los túneles y el sótano de encuentro funcionó por años hasta que las dependencias, tanto la del sur, como la del norte, fueron cerradas o convertidas, sus funciones, en otras. Incluso la policlínica para los hombres fue demolida y sobre sus cimientos hoy existe una plaza pública con gran cantidad de juegos para niños.
El sótano, como parte del túnel, hoy puede visitarse y está iluminada. La casona luce espléndida como en sus viejos tiempos. La diferencia es que, aquello que su dueño desconoció y era secreto para otros también, hoy es público y visitado por personas que descubren sobre el ingenio humano para vencer las barreras que se interponen en la búsqueda de la conservación de la especie, en la comunicación de los sexos, pues qué otra cosa es sino eso que en definitiva buscaron esos hombres y mujeres al ingresar en aquellos túneles.
 Pedro Buda
       2015           
 
Túnel al amor - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 


*Este texto forma parte del libro Serie Túnles publicado en Editorial Bubok.
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Cuento - El túnel de don Belmiro




Durante años trabajé en actividades relacionadas con la salud. Y compartí horas de conversaciones con personas de distintas clases sociales, culturales, con grados de formación académica diversa, y, con todos ellos, en algún momento coincidimos en hablar sobre algunas circunstancias extrañas, aunque no tanto, que se dan en los nosocomios.
Yo conocía algunos casos pero me costaba compartirlos, simplemente por temor a que me traten como a un loco. Y porque si compartes ciertas historias puede llevarte, incluso, hasta a perder el trabajo. Te pueden acusar de intentar asustar a la gente. Pero lo cierto, sin embargo, es que en la conversaciones suelen surgir anécdotas interesantes, relatos casi increíbles, pero que dan cuenta de hechos que muchos prefieren callar.
 Durante unos seis meses trabajé en un sanatorio en el que, en una parte de su edificación, construyeron una suerte de puente techado. En realidad, puede tomarse como un túnel que está suspendido en el aire, pues en toda su extensión, está cerrado y entre las partes de dos edificio paralelos y altos. Hay personas que por allí no quieren pasar porque les impresiona la altura, sin embargo, nada tiene de particular, excepto cierta sensación de frío que se percibe en todas las épocas del año.
Una noche, cuando trabaja allí, conversando con un viejo enfermero me contó que algunas de las compañeras habían tenido ciertas experiencias fuera de lo común al cruzar el túnel. Eso había ocurrido en momentos distintos, pero especialmente cuando el ambiente estaba más tranquilo. Y eso se da a la hora de la madrugada. A veces hay que ir a buscar algún material o trasladar a algún paciente muy tarde en la noche, porque sale de una operación o cosas similares.
Las enfermeras le contaron que, en ocasiones, veían la silueta de un paciente que andaba con dificultad al caminar. "Era como ver –contaban– al viejo Belmiro". Este paciente pasó gran parte de sus últimos diez años de vida internado en el antiguo sanatorio.    
Belmiro tenía una afección en las piernas, una consecuencia de  su enfermedad principal: diabetes. Además, producto de una caída, cojeaba al andar. Unas úlceras tenía en la piel de las piernas que nunca terminaban de curar. Era afiliado de la sociedad médica desde su niñez. Nunca había estado enfermo, pero en su vejez, precisó usar el servicio de forma casi continúa por un largo periodo.  
Belmiro pasó, en sus años de vejez, gran parte del año internado. Aburrido, solía pasear por los pasillos del centro asistencial. Conocía a todo el mundo, y la gente que allí trabajaba, en algún momento lo había atendido o lo había tratado por temas diferentes. Solía dar importantes propinas para que le consiguieran cosas, en general comida. "Más de uno –aseguró el enfermero que me relataba esta historia− le hacía favores, pero también le temían, por su aspecto demacrado y mal carácter, un producto de la diabetes que lo afectaba". Todos lo recordaban como el flaco de gorra beige y carácter fuerte que se lo encontraban en los pasillos.
Las enfermeras creen que el viejo don Belmiro, tras su muerte, no dejó el sanatorio. Y consideran que es él quien, en las noches, aburrido, se pasea por el túnel, con su paso característico.
El enfermero dice que las enfermeras más osadas incluso lo saludan cuando lo ven, o creen verlo: "Adiós don Belmiro". Y que él baja la visera como respuesta. Pero no sé si creerle o no, aunque quizás sea una forma de andar sin temor, y con humor por los pasillos del lugar en las horas de la madrugada.    

Pedro Buda
2015



 
El túnel de don belmiro - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 



*Este cuento forma parte del libro Serie Túneles, publicado en Editorial Bubok.
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