viernes, 21 de junio de 2019

LOS PASOS DE JAGUARETÉ MICHÍ Y OTROS CUENTOS

Imagen de portada 
La imagen de portada es una gentileza de mi hermana Silvia Carolina. Muchas gracias por tu contribución. 

Estimados cybernautas que visiten esta entrada les presento mi último libro publicado en Editorial Bubok. Más abajo les informo de qué trata el libro. Arriba pueden visualizar la portada del mismo. Se puede descargar en .pdf gratuitamente de la plataforma de la Editorial Bubok. Está disponible en Argentina, Colombia, México y España. 

El libro está conformado por cuatro cuentos. En Los pasos de "jaguareté michí" el personaje principal es una mujer que participó de la Guerra del Chaco primero como criada, ayudando al patrón, y luego curando las heridas de los caídos en combate. Luego se hizo enfermera tras la guerra.
En el cuento "Pe salvador… (Eduvigis)" doña Tomasina, relata las vivencias de una mujer (Eduvigis) que para acompañar a su esposo se rapa la cabellera y lo sigue al combate (bajo el nombre de soldado Fulgencio González). En una de las batallas su hombre muere en sus manos y ella sigue en combate hasta que la trasladan a la retaguardia y allí descubre la enfermera Tomasina que, en realidad, es una mujer.
 En el relato "Chiquito" también se narra sobre una mujer que se hizo pasar por hombre para participar de la guerra, pues no se les permitía hacerlo como soldados, sino como enfermeras. Con una participación destacada fue conocida por su menuda complexión que le valió el mote de “chiquito”. Pero eran sus dotes como curandera, chamán e inteligencia poco común las marcas más profundas que aún en la vejez conserva, en momentos que el periodista de un medio local la entrevista y es en ese contexto que se narran sus peripecias.


En "Silencios de la guerra" un comunicador entrevista a un hombre mayor que es arisco a compartir sus vivencias en la Guerra del Chaco. Sobre todo, porque no logra conciliar el sueño como quisiera, y se repiten, noche tras noche, una serie de pesadillas de la guerra. 



viernes, 7 de junio de 2019

Mis fotografías en tumblr


Puedes ver algunas de mis imágenes en tumblr. Solo tienes que seguir el enlace
Algunos de mis registros fotográficos los subí a este sitio y los comparto desde allí. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

10 años de estas huellas

Captura de pantalla 


El 20 de noviembre de 2008 publiqué la primera entrada de este blog <>. Hoy recuerdo con alegría que fue con el objetivo a de dar a conocer mis escritos, con una suerte de timidez aún, en esos primeros tiempos. Pues quién iba a leer mis cuentos, mis creaciones, eso que surge frente a una hoja en blanco, en la pantalla que simula la hoja... Pero ese camino, ese caminar fue dejando huellas y conocí otros caminos y otras huellas que me alentaron a seguir. 
  En otras entradas compartí enlaces a sitios que en estos años me permitieron compartir con sus lectores mis cuentos, mis escritos. Mi gratitud trato de expresarla siempre que me es posible. Nuevos sitios se fueron sumando a lo largo de estos años y mis escritos pueden ser leídos, y lo son, en otros sitios. eso me alienta a seguir, a creer en mis huellas, en lo que elegí hace tantos años atrás. 
Recién, hace unos minutos, releía un cuento escrito allá por 1992, cuando recién había llegado a Montevideo. Y me emocionaba a hacerlo. Porque no siempre recuerdas todas las partes que conforman un cuento en particular, más cuando pasaron 26 años del momento en que la tinta sobre el papel fue dando forma a una idea. 
  Me siento agradecido por el aliento de aquellas personas que me alentaron en esto de la escritura, pero también a los que intentaron desalentarme, que los hubo, pues eso me hizo tener más convicción, más fuerza, me ayudó, entonces también, a creer en mis huellas, por eso siguen aquí, tras 26 años de posarse en papel y tras 10 años de hacerlo en la red de redes. 
  Celebro este tiempo de navidad con nuevos significados para mi... Hubo un tiempo que fue de añoranza, de compartir con amigos, de celebrar nuevos comienzos y nuevas relaciones; pero desde hace unos años también es de gratitud ante la posibilidad de seguir, simplemente seguir, pues un accidente automovilístico pudo dejarme fuera de carrera, pero no lo hizo, y sigo aquí. Comparto con amigos, nuevas relaciones este camino, los invito a sumarse y construir juntos huellas. Aquella imagen que elaboré para lo que sería mi primer libro, era como lo que uno espera de la vida, o de lo que es la vida: caminos que se encuentran y nuevas huellas que surgen fruto de ese encuentro. Esas nuevas huellas inician por estos días sus "propias huellas". Y eso me entusiasma, me alegra, me reconforta, pues creo que voy aportando mi granito en este camino común.
  Espero para el año que viene más tareas, más trabajo, renovadas ganas de hacer cosas. Piso los 50 años y creo tener tantas ganas como a los 20 de hacer. Como cuando corría en el CTI -mientras me desempeñaba como auxiliar de enfermería-  al sonar la alarma del respirador que indicaba falta de oxígeno en el tanque. Sigo corriendo, aunque prefiero trotar, porque sé que con eso alcanza, y aún puedo hacerlo.
   Empezar un año nuevo siempre nos impulsa a creer que podemos renovar nuestras esperanzas, nuestra fe, nuestro compromiso con la humanidad y con nosotros mismos. Sí, pues si no pensamos en nosotros, no podemos hacerlo en gran medida en los demás, hay que quererse, construirse, crearse y recrearse para ayudar a mejorar el entorno, el mundo.
   Gracias a los lectores, que desde distintos sitios acceden a mis cuentos, por permitirme creer en que este camino de escritor es un camino tan válido como cualquier otro. Me reconforta leer sus comentarios en esos sitios, sus alientos, y saber que están ahí, del otro lado de la red, en alguna parte del mundo, pues cuando comentan me hacen saber.
                                                                                                                                  Pedro Buda
                                                                                                                                       
       
  

miércoles, 3 de octubre de 2018

El mejor amigo de Juan


Portada del libro: Variaciones sobre vientos


Lo que trascribo más abajo me fue narrado por Juan. Él deambula por la ciudad y, a veces, pasa a pedir comestibles por la puerta de la capilla. Yo tenía un chiche nuevo y quise probarlo. Me dijo que tenía una historia que compartir. Le pregunté si podía grabar su relato y me autorizó, entusiasmado. En realidad, en ese momento no sabia si usaría o no el material; pero resultó interesante.
Juan es un hombre al que le gusta leer y siempre consigue libros usados. Muchos le regalan viejos textos que no pueden vender. Así que ahí va. El producto de la comunicación mediada fue casi un monólogo de Juan, donde él da rienda suelta a su lunfardo y mezcla de expresiones en varios idiomas que le gusta usar cuando me cuenta sus historias.   
¡Buenas tardes Juan! ¿Cómo anda hoy? -le dije al verlo llegar con su paso cansino.
‒ Bien… Bien -contestó con voz entrecortada, por la emoción, según comprendí después.
‒ Sabe que le dejaron una manta. Lo trajo doña Eusebia, específicamente para usted. Hace una semana -le conté. 
¡Bien, bien! Nos viene al pelo… [Se refería a él y a su perro, al que llama Thor] Sabe… Le voy a contar lo que nos pasó la tarde del viento este, el de la semana pasada.
>Venía por la zona del ‘porto’. Y esta ‘coisa’ nos sorprendió. Empezó a volar cuanto ‘pelpa’ había en la ‘lleca’. Volaban cartones, plásticos de los carteles de las elecciones y hasta alguna chapa suelta.
Venía con mi amigo Thor de visitar a los viejos compas del ‘topuer’.
 Nadie nos arrimó un veintén. Los del ‘porto’ dijeron que la pesca anduvo mal toda la semana. “Brutta giornata…” Y a los ojitos estirados ni les pido. Esos comen perro asado, así que ni me acerco con Thor. 
>Las tripas de mi Thor y las mías parecían cantar… de tanto ruido que hacían.
Media hora después que empezó la ventisca Thor desapareció. Venía detrás de mí, como a veinte pasos, más menos. Me sujetaba de las paredes y entreabría los ojos para seguir el camino. La tierra y las pelusas jodían la vista. De pronto Thor se esfumó.
Pensé y pensé a dónde podía estar. Y me dije: el viento me lo trajo y el viento me lo quita. Si por eso lo llamé Thor. Pucha digo, cómo son las ‘coisas’.
>Lo llamé a los gritos... Lo busqué, lo busqué y na… No estaba en los lugares conocidos. No aparecía en las esquinas, ni en las entradas de los galpones, ni en las puertas de los bares donde paramos el ‘corpo’, la carne, cada día. Un agujero negro se lo tragó, pensé.
Las nubes se volvieron oscuras, negras. El aire quedó frío y húmedo. Me refugié bajo un alero, en los flancos de la vieja estación de trenes, en un rincón junto a una puerta abandonada, tapiada con tablones. Lo esperé toda la tarde. Desde mi posición podía otear hacia el sur como hacia el norte.
>Fue una interminable tarde gris. Una locura. Recordé cada día del tiempo transcurrido desde que empezamos a ‘patiar’ juntos… Muchos días y muchas noches compartidas, pucha digo. Tantos aguaceros que soportamos juntos. Y ahora, este viento maldito me encontraba más sólo que el uno. Recordé las frías noches de invierno, recostados junto al fueguito. Tantas cosas se comparten y no nos ponemos a pensar hasta que nos falta el ‘gomia’. Pasaron las horas. El tiempo se volvió interminable. La oscuridad lo envolvió todo. La soledad… Y como la publicidad del ‘pucho’ aquél: “La noche se cerró sobre la Bastilla…” No sé por qué me acuerdo de ese ‘faso’, de esa propaganda en la tele, de cuando yo tenía una, en blanco y negro. Quizás porque la situación se me antojó similar. Porque no siempre tuve ‘tirao’ che. No. Una vez tuve casa, mujer, laburo. Pero de eso hace más de un siglo, sabés. Otro día te cuento.
 ‒ ¿Y qué pasó después? ¿Cómo, cuándo lo encontraste a tu perro? Contame -le sugerí.
‒ Como te decía, no se podía ver más allá de los portones de la nueva estación del ferrocarril, que como sabes está a cien metros de la antigua y abandonada. La luz mortecina, de los faroles de la ‘lleca’, no ayudaban. Las ramas de los plátanos se movían y parecían manos de fantasmas. Espectros. El corazón me daba vueltas. Parecía que iba a dejar de ‘funcar’. 
>El viento seguía. Golpeaba con fuerza. Me cubrí con un cartón. Finalmente, me dormí. Me venció el cansancio. Mi amigo había desaparecido. Yo lo esperé, lo esperé y me rendí.
‒ Pero hoy, aquí, están juntos… -Le señalé, mirándolo a los dos. Juan y Thor estaban, uno sentado junto al otro, frente a mí.
‒ Sí… ‘Grazie a Dio’. Desperté en la madrugada, de esa ventosa noche, y Thor me lamía la ‘geta’, acurrucado a mi lado. Del lado que soplaba el viento.
Walter H. Rotela G.
                                                                                                                                      Pedro Buda
*Este cuento forma parte del libro: Variaciones sobre vientos

domingo, 2 de septiembre de 2018

Comunidad, escritura, lectura, mundo compartido





En esta entrada quiero comentar sobre la importancia que tuvo para mí, como escritor, como creador de ficciones, la posibilidad de dar a conocer mis textos por intermedio de distintas redes sociales, de sitios que divulgan los textos de escritores nóveles. 
   Hace algunos años atrás, cuando apenas inicié esta aventura de dar forma a este, mi primer blog Huellas de Pedro Buda - el formoseño, allá por el año 2008, unas amables personas, del otro lado de la red, desde algún lugar de España me sugirieron conocer la Editorial Bubok; luego, otros sitios para compartir mis textos. De allí en más se fueron sumando sugerencias y aceptaciones para publicar mis textos, en distintos sitios y revistas dedicadas a la escritura. Cada una de esas personas, todas ellas, todos los que están detrás de un blog, de un sitio en Internet, dedican un tiempo y ceden un espacio, generosamente, para que alguien como yo, llegue a otras personas. 
    Pasa el tiempo y se siguen sumando posibilidades para compartir. Y eso lo hace posible la comunidad. Comunidad que tiene significados distintos, pero convergentes en algún punto. Quizás no significados distintos, sino que adquieren posibilidades no excluyentes. Veamos... Están las comunidades cercanas en el espacio, las que son cercanas por afinidad de intereses, etc., etc. Y cada uno de nosotros, interactúa con ellas y se vuelve parte, de una, luego de otras y las relaciones crecen y se profundizan.  
      Nombrar todas las comunidades a las que conocí en este navegar por el cyberespacio, desde aquél noviembre de 2008 sería una tarea larga y una lectura aburrida para tí lector. Pero sí resulta importante ser agradecido, con todos en general. 
    Estos trabajos, estas tareas que asumimos, escritor-lector, divulgador-receptor, permiten que podamos sentirnos ciudadanos del mundo, de una manera u otra. Pues no siempre salimos a recorrer países y habitamos el territorio, el suelo, pero compartimos esta red, este espacio-tiempo.
        Juntos, amigo lector, cybernauta seguidor u ocasional visitante de este blog, de la red, conformamos esta comunidad, hacemos esta escritura, nuestra lectura, compartimos nuestro mundo.






            

viernes, 24 de agosto de 2018

Nunca mi memoria olvide


"La noche estaba fría y el invierno comenzaba a dar sus últimos golpes, la vida transitaba, como siempre. Las canas estaban ahí, entremezcladas, pero seguíamos dando batalla. La vida, sabíamos bien, se vive en cada instante, se goza, se transita. El gato que me enseñaste a querer esta aquí conmigo. Otra de tus enseñanzas" -así meditaba Estanislao, mientras los recuerdos le invadían las dendritas, cruzaban a otras y se transformaban en otros recuerdos, en experiencias nuevas y en vida, después de la vida. 
Justo frente a sí, veía pasar a aquella pareja veinteañera que caminaba por esa arena sobre el río, o sobre esa laguna donde celebraron ese "piquiniqui". Las bicicletas que los llevaban a encontrarse consigo mismos estaban oxidadas. Pero brillaban aquí, justo aquí, en esa porción de materia gris. 
Nada que reprochar se decía Estanislao, nada. Pues vivimos nuestras vidas a pleno, disfrutando cada momento. Y de eso se trata el vivir. Por eso, a media noche, cuando la música lo transportó a otros tiempos, le escribió una carta a su amor. Incluso le dibujó un título, lo escribió y lo llenó de recuerdos compartidos, lo impregnó de aromas, sensaciones, colores, temperaturas, miradas, sueños, deseos, vivencias compartidas, momentos felices y dolorosos. Lo llenó de todo eso que hace la vida. Pues la vida no termina con ese cambio de estado, simplemente muta, se transforma y adquiere una nueva forma, una significación.
La vida recién comienza... se decían a los trece años, lo repitieron a los quince años. La vida recién comienza se dijeron, nuevamente,  a los veinte años... La vida recién comienza... 
Así, Estanislao, recordó una nota que escribió algún tiempo atrás. En ella mencionaba que había cumplido con la promesa que le hizo a los veinte años... 



Siempre estarás en mí

Siempre estarás en mí fue el tema que puse, casi sin querer, en una selección de temas. Y qué cosa, hoy, como tantas mañanas, desperté soñando contigo.
Una vez, hace muchos años, te dije que siempre te amaría. Eso sigue siendo verdad hoy, más de 25 años después de que te lo dije. Frente a frente, cuando la pasión, el amor estuvo instalado en nuestros rostros, en nuestras manos, en nuestras vidas diarias.
No pude imaginar, entonces, que esto sería así, que sería verdad que te amaría de este modo que parece imposible. No importa si no soy correspondido, pero te amo desde lo más profundo de mi corazón. ¿Por qué? No importa, simplemente así lo siento. 
Creo que lo importante para mí, lo interesante es que dejaste una huella profunda en mí y eso es lo importante. Me marcaste y sigo pensando en ti, sigo soñando contigo, casi sin querer.
Cuando la vida conjugue nuevamente nuestros caminos te veré. Pero, hasta entonces, vale recordarte, vale soñarte, como ocurre, una de cada tantas noches o mañanas, cuando la vida me pesca con una sonrisa en los labios.
No importa que no estemos juntos, qué le puedo hacer. No diré más, pero ahí estás como un sueño, como siempre, aunque a mi lado no estés. Y cumplo, no sé cómo, ni por qué, con aquella frase que expresé sobre una hoja: “Nunca mi memoria olvide”.

martes, 14 de agosto de 2018

Capítulo III de: Buscando... las llaves, las rutas

Lo que transcribo más abajo es parte del capítulo III de la novela Buscando... las llaves, las rutas. 



III

Creo que merece un capítulo aparte, en esta historia, lo relacionado con una porción del mundo de las rutas terrestres del sur del sur, a la que se ha llamado la “rotonda del reencuentro”.
Antes que nada, conviene que me presente, pues por solicitud del autor voy a tomar la palabra en esta parte del relato. Soy un estudiante universitario que pasa, gran parte del año, en la Ciudad de los Siete Caminos, aunque soy originario de un pueblo llamado “Pescado Hediondo”, un lugar bastante más lejos que la ciudad de Bella Cruz, y hacia el norte de la rotonda, como ésta última.
Mi nombre es Enrique Cano Marotta, pero todos me dicen “cabeza”. Por lo cual no puedo enojarme, puesto que mi cabeza es particularmente grande, no desproporcionada, pero sí grande. No uso el cabello largo, sin embargo, mi cabeza sigue siendo grande. ¡Qué le voy a hacer! Es de familia.
El autor, a quien conozco hace un tiempo, en una ronda entre viejos conocidos, nos propuso escribir un libro a los allí presentes. De hecho, fuimos citados por él, en un bar, frecuentados por nosotros. Se llama lo de “Doña Laureana”. Necesito contar, antes de proseguir, que las empanadas que allí hacen son jugosas y algo picantes, lo ideal para acompañar con una buena cerveza. Él pagó las dos primeras docenas de empanadas y las diez primeras cervezas. Era importante el calor esa noche y tuvimos, la imperiosa, necesidad de seguir bebiendo cervezas bien heladas, hasta la madrugada. Pero… ¿por qué la necesidad…? Pues simplemente porque acordamos allí los temas que abordaría cada uno; además, una vez terminado, tendríamos una reunión para compartir el producto y explicar, parte de lo relatado. Era toda una aventura, y tres meses después, nos volvimos a reunir.
Si ustedes están leyendo esto es porque logramos cumplir con nuestro objetivo primario: publicarlo. Esto sería el trabajo final del autor: la corrección y el convencer a la editorial para que se jugara por el material. Si todo salía bien, la promesa fue reunirnos nuevamente para compartir no sólo empanadas y cerveza, sino un asado y parrillada completa, todo pagado por el autor o la editorial.
El bar “Doña Laureana” es conocido por muchos estudiantes, pues allí se puede conocer a algún camionero que nos permita viajar con ellos gratis, a nuestras tierras de procedencia. Viajar se vuelve bastante oneroso cuanto más lejos está la casa paterna.
Muchos somos de provincias alejadas y otros de países vecinos. Generalmente, los estudiantes, vamos hasta la rotonda El reencuentro y punto. Allí llegamos y nos encomendamos al creador y a la virgen para que algún camionero nos lleve, de un tirón, a nuestras tierras. Pero no siempre es así de fácil. Muchas veces llegar implica más de una parada. Y no sólo se viaja en camión, a veces y con mucha suerte, viajamos en auto o camioneta pick up.
Estar haciendo dedo en la rotonda el Reencuentro, y si venías de Siete Caminos, implica que hayas pasado por Puertas del Infierno. Y lo que ves allí es parte del paisaje urbano. Lo primero es atravesar el río Manguruyú mirándolo desde el puente, tan majestuoso como el río que atraviesa. Si se cruza de tardecita o de noche son sus luces anaranjadas las que te guían en esa ruta. Están a todo lo largo de los accesos este y oeste del puente, y en todo su recorrido. Ves el río que corre furioso si juzgas por los remolinos que se arman y siguen su curso. Los pescadores son apenas visibles a esa hora y desde la altura. Se ven como pequeñas estrellas luminosas sobre la superficie.
Son sus linternas que parecen luciérnagas sobre el espacio. Los ves de día y de noche, siempre con los mallones desplegados en las aguas. Buscando… atrapar al manguruyú, al surubí o al dorado que vaga por las bravas aguas del río.
Cuando terminas de cruzar el puente, si es de mañana o a cierta hora de la tarde, ves a las mujeres vendiendo el pescado al costado de la ruta 14.
De día se puede apreciar el verde en distintos matices, del más claro al más oscuro. En el follaje de arbustos, en los camalotes, en los irupés, en el pasto y hasta en las cotorras que vuelan por allí. El marrón del agua en parte se mezcla con las amarillas arenas que se tornan rojizas por los sedimentos que transporta el río. El agua toma la apariencia de sangre según la hora del día, según haya más o menos luz, o parece un espejo cuando el sol y desde cierta distancia lo aprecias.
Entre el verde follaje de la costa se percibe el camino hecho sobre la tierra por los pescadores; los cuidadores de vacas que andan en la vuelta; por los animales que recorren entre los matorrales de la ribera. Son senderos en todas direcciones que siempre terminan en el río o en los cuantiosos canales que llegan al Manguruyú.
Sobre los canales otra jungla, una de camalote e irupé, y otras especies de plantas acuáticas. Al costado de esos serpenteantes caminos algunas veces se ven apiarios.
Sobre las riberas de los canales se ven juncos o totoras, donde se oculta algún carpincho. Se observan aves zancudas que vienen a comer, algunas se posan sobre el irupé. Con atención se aprecia el graznido de estas aves, como los cantos de otras mil especies… patillos, cigüeñas, gorriones, garzas, horneros, algún pitogüé (también conocido como pájaro de mal agüero, benteveo, bichofeo o Montevideo) que anda sobrevolando. Y que, si anda cerca de Puertas del Infierno, más de uno se pone en guardia.
Con suerte puede verse algún pariente reconocible de antiguos dinosaurios, me refiero al yacaré. En fin, con un poco de atención puede apreciarse la gran diversidad de vegetales y animales que conforman esta zona ribereña.
Pero… volviendo al paisaje nocturno, la variedad se torna más amplia como interesante por lo curiosa. Sobre la ruta, a pocos kilómetros de la cabecera del puente se ve el desfile de hombres vestidos de mujer de un lado del camino y a trabajadoras sociales del otro. Justo en las inmediaciones de Puertas del Infierno. Donde el rojizo color de las luces da el tono adecuado al paisaje nocturno, que es vigilado por el personal del GES.
Para el mayor y mejor control de la actividad, en pos de la salubridad de la población – dicen. ¡Quizás… sea cierto! Yo dudo.
La rotonda El Reencuentro es una zona de vital importancia en la vida de las rutas. Allí se cruzan la ruta 28 (con dirección norte-sur o sur-norte) con la ruta 14 (con dirección este-oeste u oeste-este). Esta rotonda se encuentra a unos 15 kilómetros de la Ciudad de los siete caminos, de donde parto, al menos una vez al mes, para ir al pago donde nací.
Y dista apenas a 2 kilómetros de Puertas del Infierno. Es un puesto subsidiario de Puertas…
A 9 kilómetros de la rotonda y hacia el norte está la Ciudad de la Bella Cruz.
Hacia el oste continúa la ruta 14 que lleva a otras provincias. La ruta 28 lleva al sur del país, conecta con muchas otras rutas importantes, y por el norte, a otro país. Casi une medio país y conecta con el todo, más allá de fronteras. O sea que es un punto neurálgico de la vida en esta porción de rutas y poblaciones.
Al oeste de la rotonda se desarrolla una extensa llanura que, poco a poco, se vuelve más y más agreste, más seca y tórrida. Se pasa de la fuerza de verdes y multicolores de la vegetación en zona de riberas del río Manguruyú y los riachos que desembocan en él a un monótono amarillo pajizo, a bosques de palmeras y arbustos varios. Se forman como islas de árboles entre los cuales se refugia el ganado ante las inclemencias del tiempo. El bosque de palmeras es lo que predomina en la zona. La belleza está en ellas, pero pasa desapercibida para el hombre común de estos lugares, por la costumbre que tiene de verlos, por la casi monotonía de la llanura. Sin embargo, no es así para compañeros y amigos que vienen de otros lugares y admiran estas tierras.
Una de las cosas que asombra a los extranjeros es la biodiversidad, la variedad de pájaros y aves de diversos tamaños que hay primero en los riachos y esteros, y después, en esas islas de bosques donde acuden los animales a refugiarse del calor característicos aquí. No es ni todo trigo, ni todo eucalipto, ni toda soja. Pero ¿hasta cuándo? es la pregunta del millón… Pero eso es tema para otro libro o la disertación en otras partes, no lo propuesto por el autor.
En la rotonda se cruzan destinos. Se aúnan esfuerzos y se acumulan historias de caminos. Hay días que el agobiante calor mueve a la solidaridad. Si alguien tiene una botella de litro de refresco, comparte con otros que esperan.
A unos pocos metros, quizás casi a un kilómetro al sur, hay una estación de servicio y expendio de combustible. Al lado y como parte de los servicios que se brindan hay una parrillada. Hay agua y bebida frescas. Pero, para estudiantes como yo, lo importante es que haya agua. Especialmente en los calurosos días de verano. Pero claro, en invierno necesitamos un mate calentito, y dónde sino en la estación conseguimos el agua para el mate mientras esperamos que alguien nos lleve. A veces, llegamos a la mañana temprano y recién de tardecita, alguien nos levanta. Algunas veces podemos llegar hasta la mitad del camino y allí debemos volver a intentar que alguien nos lleve hasta el destino. Pero por qué se da la solidaridad en estos lugares.
Pues porque quien va a hacer dedo es gente que no siempre puede pagar un boleto o que
quizás busca ahorrar dinero para poder hacer otras cosas. Muchos de nosotros dependemos de nuestros padres, y esa es una forma de ayudar en las economías de la familia. Por ejemplo, si no gastas en transporte quizás puedas ir al cine o a un baile una vez al mes. Es un pequeño sacrificio en pos de un beneficio posterior.
En la rotonda convergen, no sólo caminos, sino también anécdotas, historias, leyendas. Pero algunas surgen allí mismo, en esa confluencia de caminantes y camioneros, de oficios y ocupaciones, de roles y enrolados… En fin, una de ellas tuvo por personaje principal a un agente del GES. Algunos dicen que fue un hermano del sargento 1º Becerra, principal agente de Puertas del Infierno. Otros dicen que fue el mismo Becerra el protagonista de la risueña anécdota. Sin embargo, fui testigo de aquél caso, razón por la cual el autor me pidió que me refiriera al mismo. No conocía de nombre al sargento; aunque sí lo había visto infinidad de veces. El tipo en cuestión, un ser vivo, pues definimos al ser vivo como aquél capaz de moverse, de incorporar alimento y evacuar los excedentes. Entonces, este sujeto estaba vivo. Es o era un tipo obeso, rechoncho, como una pelota de fútbol o como la pelota que se usa para jugar al “pato”, que es un juego en que los participantes pelean, montados a caballo, por una pelota con asas. Insisto en que era o es porque hace tiempo que no lo veo. Y quizás sus mismas prácticas lo llevaron al final de su recorrido.

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