martes, 21 de noviembre de 2017

Noveno aniversario de Huellas de Pedro Buda - el formoseño

Este 20 de noviembre se cumplió un año más (el noveno) desde que dí mis primeros pasos en el cybermundo con este blog: HUELLAS DE PEDRO BUDA - el formoseño . Luego vino otro y otro y así llegué a estos cinco blogs que hasta la fecha están funcionando: 





Más el canal en Youtube: Formowar

Más los canales en Ivoox: Radio Huellas de Pedro Buda I 
                                          Radio Huellas de Pedro Buda II




Comencé a escribir esta entrada aún siendo 20 de noviembre de 2017, y continúo apenas inicia este 21. Y no quise referirme sólo al aniversario de este blog -no soy de festejar cumpleaños, ni cosas parecidas- pues reúno en este aniversario más de esta labor -por la que no recibo paga- pero que me resulta muy gratificante, que aparece en este blog y también en cada uno de los otros medios. Cada uno fue creado para dar lugar a una forma de expresión o interés, importante en su momento y aún hoy.

En formato libro comparto mis cuentos, investigaciones periodísticas, una novela y un relato de viaje. Para ello la Editorial Bubok me facilita una plataforma desde donde poder compartir los textos en diversos formatos. Incluso, en más de un país aparecen mis libros publicados gracias a la Editorial.

En diversos medios: blogs, sitios literarios vinculados con la cultura, con el arte, aparecen o parecieron publicados algunos de mis cuentos. También me permitieron compartir redes sociales para escritores y lectores.

La red Google+ y otras como Falsaria y más que no nombro porque no quiero cansar con esta entrada que se está haciendo extensa.

Detrás de cada una de estas expresiones, detrás de cada monitor hay un importante número de personas que me permiten compartir mis creaciones, mis cuentos, esto que con tanto gusto hago, esta escritura.  A ellos, a cada uno de ustedes gracias, muchas gracias por permitirme llegar con mi escritura, por permitirme contarles mis cuentos.
Autor inscripto en la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) 

Gracias a cada uno de ustedes: Andrea Marín, Mundi Book Ediciones, Tulkas Hammer Paint, Jazmin Iliana, Alejandro Martínez, José David Guanco, Carlos Polonio, Baudelio Salinas, Nereo Ibi Geijo, A. Elías Hinojosa, Diana Pinedo Ortega, Noticias Minuto a Minuto, Juanjo Lamelas, Ana Centellas, Javier Rodríguez, Alejandro Aguilar Bravo, Laurette Garreau, Lucía Brito del Pino, Ricardo Guadalupe, María Isabel Martínez Montoya, A Moliner, rian ScritoradeletraS, M. Arturo Fernández, Alex Vargas, Soledad Suarez, Diego Ospina, Mirta Miguel, Sergio Omar Martínez, Patricia Artígas, Universo La Maga (Javier), Flor Robertson, Diego García, Natalia Cardozo, Fernando García M., Florencia Farias, Julio Iglesias Rodríguez, Typos, Luis Javier Sierra Gorga, Sergio Raga, Gianella Nión Taramasso, Sole Cerdan, Momentos Literarios, David Rubio, José María García López, Danny Loges, Sandra López Desivo, Pablo Daniel Soto, Pedro Pablo Gómez, Sofía Ro-Ro, Trece Gómez Pascual, Alejandro Marcelo Guarino, Liliana Robles, Rodrigo Villalba Rojas, Carlos Echinope Arce, Diseño Web Madrid, El Narratorio Antología Digital, Juan Bosco Castilla, Sergo Sixtos, fun4us.es, Francisco Rodríguez Arana, Lorena Guarnieri, José Manuel Borrallo, María del Socorro Duarte, Antonio Linares, Gregorio García Alcalá, Álvaro Píriz Alcalá, Cynthia Falabrino.

Gracias a Francisco Brotons, que desde su sitio "El café del autor" tanto en su primer sitio hasta el actual (con el mismo nombre) me permite compartir mis huellas.

Gracias a  Diana Pucci que desde Revista Literarte difunde mis cuentos también.

Gracias a las personas que leen y, en algunos casos, comentan también, en tus relatos.com  y a los que lo hacen lo propio en Cortorelatos 




Hay muchas más personas y sitios a quienes quisiera agradecer pues, desde Twitter, Facebook, Falsaria... colaboran para que mis cuentos lleguen a otras más. Y no nombré a quienes desde Google + están siempre alentándome o compartiendo, o con un +.

Gracias a la gente de Escritores.org que me permiten compartir información sobre mis libros.

Gracias a la gente que hace la revista literaria Túnel de Letras, pues me posibilitaron, en más de una oportunidad, difundir mis cuentos.

Gracias, gracias, gracias       





jueves, 2 de noviembre de 2017

El olor de la muerte



Cuando doña Juana llegó el martes para visitar al santito, como de costumbre, me percaté del asunto. Sin embargo, preferí mantenerme alerta y sin decir nada. Podría estar equivocado.
Doña Juana es muy devota del santito. Viene cada mes en la misma fecha y me compra las velas. Tengo el puesto justo en frente a la entrada del templo. Después de jubilarme como enfermero, se me ocurrió esto de la venta de velas. Con el tiempo agregué estampitas, libritos, postales, fotos del templo y de la imagen del santito. Así conocí, en estos años, a mucha gente; incluso demasiada, para mi gusto.
El último martes pasó algo raro, o no tanto; aunque sí particular. Doña Juana vino y compró las siete velas rojas de costumbre. Inmediatamente percibí el olor.
Ella estaba algo agitada, pálida. Si bien se expresó correctamente en forma oral, sentí que sus palabras no las pronunciaba con total fluidez. Parecía faltarle el aire, arrastraba las vocales. Pero ella siguió, como siempre, hacia el templo, aunque con paso titubeante. Se detuvo, más veces que lo habitual, en cada escalón.  
Me quedé pensando. Ella tenía todos los signos de quien está en ese punto sin retorno, en el camino hacia la muerte. El olor que emanaba de su cuerpo era, sin duda, el olor de la muerte.
Al día siguiente me enteré que, ese martes, doña Juana había partido al encuentro del santito. Sus cenizas, sin embargo, quedaron depositadas junto a la imagen de su devoción.
Pedro Buda
2016
                                                                                                                                      Walter H. Rotela


jueves, 14 de septiembre de 2017

Recordando... Un mundo de fuego

Un mundo de fuego en revista literaria Túnel de Letras

En el año 2013 este cuento fue publicado en el primer número de la revista literaria Túnel de Letras, en la pp. 34
Los invito a conocer la revista y leer este y otros cuentos en el mismo medio digital. 



martes, 27 de junio de 2017

El hombre de la cloaca



Una tarde, mientras caminaba por la ciudad, con mi hija pequeña de la mano, vimos a un hombre dentro de una gran fosa.
   El hombre parecía un ser pequeño, un minúsculo grano de arena en medio un enorme médano  informe. Casi imperceptible, en medio del todo. Una pieza visible, sólo gracias a una suerte de gracia celestial, puesto que sobresalía por delante de su rostro, un par de gafas oscuras que no disimulaban su enorme nariz.
   Lo miramos por un inacabable minuto para luego olvidarlo para siempre. Sin embargo, en ese instante fue imposible no verlo, pues cual cucaracha salía de la fosa, de una cloaca. Este es un sistema que recibía las heces y orines de un importante edificio de gentes significativas, que trabajaba en sus prestigiosos puestos del buró central.
   Casi disculpándose por su presencia allí intentó esgrimir alguna frase o saludo, mas no fue así. Simplemente seguimos, casi, sin mirar atrás.
    Mi hija, sin embargo, miró una vez más y dijo - casi balbuceando - ¿quién es él, papi?
     ̶   Soy yo, aunque no te des cuenta, soy yo –contesté, sin querer contestar.
     ̶  No, tú estás aquí. No eres tú.
    ̶  Soy yo, en un momento que aún no llega, pero está ahí, en medio del espacio tiempo, en un cruce del camino, de las huellas del destino…
Walter Rotela
2014

Puedes leer también, en este blog <<Parte de su cerebro>>

miércoles, 14 de junio de 2017

Mis Huellas... Día del escritor

Mis huellas llamo a cada uno de mis cuentos publicados o no. Cada relato, cada novela o cada proyecto inconcluso es parte de mi universo creativo que busco compartir con los lectores. Los cuales van apareciendo por diversos sitios del mundo, pues tengo la suerte de saber que me leen en España, en México, en Argentina y Uruguay, en sitios para escritores y lectores, en comunidades donde nos encontramos a leernos.
   Hoy es 14 de junio y ayer (13 de junio de 2017) se conmemoró el día del escritor en Argentina, por ello hoy deseo sumarme al día, con mis cuentos y libros. Pueden descargar gratis la mayoría de los libros, y claro, en este blog: la lectura es gratuita....
    Los invito también a conocer mis otro blog Universo creativo de Pedro Buda 

Mi sitio en Bubok Argentina 
                             
                                              Mi sitio en Bubok España
                                        
                                                 

                                                     Mi sitio en Bubok México


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viernes, 9 de junio de 2017

Reflexión

En la misma gorra




Estimada gente que es parte de esta comunidad: ¿qué les parece a ustedes que cada vez que entran a un shopping con una gorra puesta, debido al frío reinante en estos días, la gente de seguridad los invite a sacarse la gorra? Porque... tener una gorra puesta parece decir que somos "delincuentes", o al menos, propenso a serlos, o sino, probable de tener elementos para ser considerados como tales. Yo entiendo que: la gorra cubre cierta parte de nuestro rostro o de "la cabeza", y ello hace difícil el reconocimiento; pero de ahí, a qué todos seamos pasibles de ser delincuentes... Creo que hay un salto cuantitativo y cualitativo interesante a analizar.

No sé sí cuando ven entrar a figuras como al ex presidente, don Julio María Sanguinetti, u otros personalidades públicas los invitan a sacarse las gorras. Quizás, ellos, conscientes de las normas sean respetuosas de las mismas. También me considero respetuoso de las mismas; pero, ciertamente, me indigna que por el sólo hecho de usar una gorra, los agentes del orden privado o público, me consideren un delincuente; porque esa es la conclusión a la que llego: "El que usa una gorra es pasible de ser considerado un delincuente".

Así también me planteo si el señor panadero que sale con su gorra a comprarse un té para descansar en su turno de descanso le invitan a sacarse el gorro, o al carnicero, o al policía, o al bombero. Pues no faltó el caso policial donde los delincuentes vinieron disfrazados de "Policías", bueno ni hablar de aquellos que no se disfrazaron y son políticos corruptos y nos engañan con malversaciones y visten de elegantes trajes... Sin alusión a nadie, pero los informativos e investigaciones judiciales, nos invitan a conocer la realidad, queramos o no verlas.

En fin, la lista es larga... Pero parece que adolecemos de problemas en el uso de los estereotipos y tenemos miedo, entonces, de los tipos que usan gorra. Yo uso gorra, porque tengo frío en la cabeza, y con ello evito, a mis 49 años, de tomar frío.

Soy respetuoso de las normas; pero no deja de fastidiarme esta norma que mete a todo el mundo en la misma gorra.

Y hoy en el shopping, pregunté a otras personas si esa situación les molestaba y me comentaron que sí. Y decidieron no quitarse las gorras. Uno de ellos un señor de unos setenta años.

Yo me pregunto: ¿Somos libres?

lunes, 15 de mayo de 2017

El portal bajo el puente

Audiolibro 


El portal bajo el puente audio - CC by - Walter Hugo Rotela González










Recuerdo, perfectamente, cómo llamó mi atención una portera que vi, una mañana que recorría un camino en mal estado. Era una ruta provincial que, por cierto, necesitaba ser reparada. De hecho, unos 150 kilómetros al norte de la zona, estaban repavimentando, a un ritmo muy lento.
Aquella vista fue impactante, por ello disminuí la velocidad y regresé sobre lo andado, hasta parar a pocos metros de la entrada. Al costado del camino corre, en paralelo, la vía del tren. En un sector se eleva siguiendo la roca oscura y, debajo, se forma una suerte de cueva, que no es tal. No lo es porque, si bien hay una entrada, del otro lado se ve un extenso campo. Es más bien como un túnel corto.
Saqué mi máquina de fotos y registré aquella entrada. Como estaba en una curva, no quise detenerme demasiado tiempo, pues bien podría venir un camión y no tendría espacio y tiempo para evadirme. Estaba en parte sobre la calzada pues la banquina era escasa y se continuaba con un barranco poco profundo. De la ruta salía un sendero hacia esa entrada, pero parecía muy poco usado. La portera tenía una larga cadena y un oxidado candado muy antiguo.
Continué la marcha y conversé largo rato con mi acompañante en esa instancia sobre a dónde conduciría dicha entrada. Era un lugar inapropiado para tener un acceso a un campo, pues un camión no podría entrar, la visibilidad es mala desde el camino, por lo sinuoso de la zona.
Un tiempo después volví a pasar por el lugar y busqué, denodadamente, aquella entrada, aquél puente. Lo más parecido era una franja elevada por donde cruzaba la vía del ferrocarril, pero no había un túnel o entrada debajo. Las fotos no pude revelarlas sino hasta que pasó medio año casi, cuando lo hice. Cuando al fin tuve ante mí las fotos no era lo que yo había visto, o lo que recordaba. Me sentí muy frustrado ante aquella evidencia.
Por razones laborales, un par de años después, tuve que pasar por el mismo lugar. Me dirigía hacia unos campos al norte de aquella región y el camino seguía en construcción, aunque el tiempo transcurrido era importante. Supuse que la obra vial de la región atravesaba las mismas condiciones que otras del país.
Andaba muy atento y estaba acompañado por una persona que encontré haciendo dedo en una rotonda, en la entrada a un pueblo. Se dirigía, como yo, hacia el norte del país, por lo que le ofrecí llevarlo. Había perdido el ómnibus por media hora y no quería quedar varado en esa zona. Él era un arquitecto que en sus ratos libres gustaba adquirir conocimientos sobre fenómenos extraños, entre los que incluía el avistamiento de ovnis. La conversación fue derivando hacia esos temas, pues el hombre era un apasionado, con amplio conocimiento, a juzgar por su atinada plática, llena de datos concretos, referencias accesibles y precisión de la información. Lo sé porque en mi profesión –soy ingeniero- la precisión es indispensable. De hecho iba hacia el norte para ver un proyecto vinculado al aprovechamiento del agua en una zona donde eso es vital.
Estaba anocheciendo y el sol se perdía por el oeste muy rápidamente. La noche tomó por completo la ruta y la visibilidad era escasa, aunque se veían las estrellas en ciertas zonas. Nubes gruesas se extendían por doquier.
De repente vi la entrada. La curva estaba cerca, como aquella vez y tuve que andar un tramo para dar vuelta y acercarme por el otro lado de la ruta.
Recorrimos un buen tramo y no vimos nada. Seguimos unos 5 o 10 kilómetros y dimos la vuelta nuevamente. Y en un punto vimos la entrada. Un campo estrellado, totalmente luminoso se abría detrás de una abertura a un costado del camino. La curva, apenas estaba señalada por unas bandas que brillaban con las luces del coche. Me obstiné y paré, en seco, el auto. Desde esa posición se veía la entrada. Tomé la cámara y nos acercamos. Registré un buen número de fotos, ajusté la velocidad y la sensibilidad y disparé un número considerable de veces. Avanzamos a pié en la dirección que íbamos y fuimos perdiendo de vista la entrada. Al regresar sobre nuestros pasos volvíamos a ver la entrada.
̶ ¡No lo entiendo, no lo entiendo! –dije casi gritando.
̶ De esto es que te hablaba algunos kilómetros atrás –comentó, calmadamente, mi interlocutor. Muchas cosas, como ésta, no son fáciles de ver, menos de aceptar. Pero existen.
Pedro Buda

Walter Hugo Rotela González






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