lunes, 11 de mayo de 2020

Algunas notas mías en ratón de biblioteca

Captura de pantalla del sitio ratón de biblioteca

Ratón de biblioteca o mejor dicho, el sitio www,ratondebiblioteca.es  es el portal soporte de la editorial Ratón de Biblioteca, dedicada al mundo de la escritura y de la literatura en general, música, cine y fotografía de manera complementaria. 
A partir del 7 de mayo de 2020 aparecen publicados artículos míos en dicho sitio. 


Captura de pantalla del sitio. 




lunes, 27 de abril de 2020

Tus relatos... nuestras lecturas


Captura de pantalla. 


Estimados lectores ocasionales de este blog... en esta entrada quiero, simplemente, compartir un par de datos ofrecidos por el sitio Tus Relatos respecto del número de lecturas de mis textos compartidos. 
   Para mí son cifras muy importantes, más allá de que muchos de los autores superan. ampliamente, esas cifras, y me alegra que así sea, es decir, me encanta que podamos leer tanto. 
   Según los datos, mis relatos han superado las  treinta mil lecturas (30.000). 
   Y uno de ellos superó mil lecturas, llegando a ser leído mil cuarenta y tres veces (1.043), o por lo menos, fue visto esa cantidad de veces. Lo cual es una cifra, para este autor, muy interesante. 
    La cantidad de visitas es de por sí un dato interesante, pero si a esto le agregamos los comentarios, debo decir que lo que el sitio y sus participantes hacen es muy enriquecedor para todos. Pues hay críticas, hay  empuje, buenos deseos y aliento permanente para quienes exponemos nuestros relatos en el sitio. 
    Me queda simplemente agradecer a quienes se dan una vuelta por nuestros relatos y nos leen. Creo que es esa una de las cosas que nos hace sentir bien a quienes hacemos esta actividad. Sentir que a alguien le llega eso que quedó plasmado sobre un papel, una zona blanca o de color, donde las ideas juegan para crear un universo que viven los personajes. 
    Reitero: Gracias.  
    

sábado, 25 de abril de 2020

Página en Blanco

Escucha el primer episodio del programa Página en Blanco  aquí abajo.









Para ver más videos de Carlos Omar dive Quefau, recitando sus poemas, sigue los enlaces 



Para contactarse por libros del autor hacerlo mediante el número
096620232 o por mensaje privado en su página de Facebook.  

Información sobre el libro Tres en Otoño

Imagen registrada por Walter Rotela   (Tres en Otoño)

viernes, 17 de abril de 2020

Mis audiolibros ¿Qué, por qué, cómo, cuándo, dónde?

Canal en ivoox: 

Captura de pantalla del blog Huellas de Pedro Buda - el formoseño


En esta entrada de mi blog principal hoy comentaré sobre por qué empecé a realizar los audiolibros y algunas cosas más. 

   El primer audiolibro de uno de mis cuentos fue creado por la gente de creahistorias.com, sitio al que hoy no se puede acceder. Se denominó trailer sonoro del cuento Comunicaciones. Duraba tres minutos y estaba muy bien armado. La voz era de una mujer quien leía e interpretaba el texto. Los sonidos que usaron en ese archivo daban una dimensión increíble al pasaje del texto leído. Y entonces pensé y me planteé: ¿Por qué no lo haces tú? Y así surgió el primer archivo de audio de un cuento completo, creado íntegramente por mí, es decir, el texto y el audio. Ese audio fue el del cuento: El  Café de Gurbindo. Pueden escucharlo aquí abajo.


   Navegando en la red de redes, noté que existía todo un mundo de materiales en archivos de audio, incluso la editorial donde publico mis libros, en autoedición, me lo propuso. Pero preferí realizarlos yo, puesto que tenía las herramientas. ¿Qué herramientas? Pues durante el cursado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, de la Universidad de la República (Udelar), cursé el taller de radio y allí aprendí lo necesario. Tenía el programa de edición y los cuentos. Por eso decidí hacerlos yo mismo. 

   Son, en general, lecturas de los cuentos con ambientación sonora, es decir busco crear el ambiente sonoro, el paisaje sonoro que permita acompañar la lectura con elementos que remarquen algún aspecto del cuento, o que permitan pensar en algo que no se dice en principio pero que quizás se sugiere. Es decir, hay un proceso creativo también allí. Como ejemplo me gustaría compartir el audiolibro del cuento Cacería en enero, que se puede escuchar abajo. 


Así fui creando otros audios y si bien propuse a varias personas para que leyeran los cuentos para tener otras voces, no logré interesados, por lo que seguí adelante. Usé mi voz y todas las herramientas a disposición para crear más audiolibros. Los hago con mi notebook, ó, computadora portátil y en la tranquilidad de la noche. 

Insisto en aclarar que mis audiolibros son 'lecturas' de mis cuentos, sin interpretación, más allá de lo que mi conocimiento particular me permita modular la voz, pero sin tener herramientas de actuación. Y no sé si quiero hacerlo de ese modo. Eso lo hace quien tiene el estudio para ello, la capacitación adecuada, pero no es mi caso. El objetivo sigue siendo llegar a quienes no pueden leer, a quienes desean escucharlos aunque puedan leer, y para darme el gusto personal de crear una versión más de mis cuentos. 

Mis audiolibros tienen en común con mis cuentos o cualquiera de mis otras expresiones comunicacionales la marca de ser el producto de trabajo, trabajo y más trabajo personal. De ser lo que son por el aprendizaje que logré en el transcurso de hacerlo, de poner en práctica lo que me enseñaron el la licenciatura y de buscar siempre lo mismo: aprender a aprender. 

Espero se animen a escuchar los audiolibros en mi canal de ivoox. Encontrarán, además de los audiolibros, entrevistas y algún par de cosas más que se me ocurrieron incluir. 

Hasta la próxima estimados lectores y escuchas, seguidores u ocasionales navegantes que lleguen hasta estas huellas. 
   
  

viernes, 27 de marzo de 2020

El portal bajo el puente - audiolibro

Les dejo el audiolibro del cuento: El portal bajo el puente.




Este cuento está publicado también en Opulix:

martes, 24 de marzo de 2020

Mis audiolibros

Estimados seguidores del blog y visitantes ocasionales del mismo, hoy les cuento que agregué tres archivos de audio más al Programa Audiolibros, de mi canal de radio: Radio Huellas de Pedro Buda II.   

Captura de pantalla

  El canal de radio es otra vía de comunicación para compartir mis cuentos, notas o entrevistas. En esta oportunidad los invito a escuchar tres cuentos en formato audiolibro. 
  El cuento "El sonido del tren en movimiento" está precedido por una introducción donde pongo en conocimiento sobre los cuentos que conforman el libro: Cosas curiosas en los caminos de las cumbres. Luego continúa sí, con el cuento, el cual trata, justamente, de lo que escucharon un grupo de personas, el sonido de un tren en movimiento, al pasear por un cementerio de trenes. 
  
El sonido del tren en movimiento -
CC by -
Walter Hugo Rotela González

El cuento "La señal" trata sobre lo que ven unos turistas, unas luces. Las que, aparentemente, partiendo desde una nube se proyectan sobre una zona de altas cumbres.



La señal -
CC by -
Walter Hugo Rotela González


  Por último, el cuento, en versión audiolibro, "Almas danzantes en las cumbres bolivianas", expone sobre unos turistas que registran fotos como cualquiera, pero al verlas luego de un tiempo consideran extrañas dichas nubes fotografiadas, pues tienen formas similares, en distintos puntos de su viaje, por no decir... iguales.

Almas danzantes en las cumbres bolivianas - CC by - Walter Hugo Rotela González

Captura de pantalla
Los cuentos mencionados aquí forman parte del libro "Cosas curiosas en los caminos de las cumbres", el cual puede descargarse desde la plataforma de la Editorial Bubok.

domingo, 23 de febrero de 2020

La señal

La señal es el título del cuento que comparto más abajo. Forma parte del libro "Cosas curiosas en los caminos de las cumbres". Si bien todo lo escrito en el libro es ficción, algunos pobladores dicen haber escuchado o visto cosas extrañas en la zona del salar de Uyuni, y fue eso lo que me motivó a escribir este libro de cuentos.

La imagen fue registrada por Walter Rotela 

La señal


Salió la travesía por la zona de volcanes el tercer día de las tan planificadas vacaciones. Estaba fresco y parcialmente nublado. El pronóstico indicaba momentos de lluvia, pero serían periodos cortos, donde la mayor probabilidad era de agua nieve. Eso es raro para quienes no vivimos en zonas de alta montaña, pero no para quienes habitan arriba de los 3.500 o 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la zona de la precordillera.
Salimos a las 4,30 de la madrugada para poder registrar la salida del sol. Eso era un esfuerzo importante por cuanto estuvimos bebiendo un vino de la región hasta entrada las dos de la madrugada. Pero el cuerpo aguanta, aguanta y aguanta. Un trago de café bien amargo siempre repone de aventuras nocturnas. La salida se pospuso una media hora por nuestra culpa. Era difícil despertar y aprontar lo necesario para el día. Una mochila cargada con lo básico para darse un baño en las zonas de aguas termales, un poco de crema hidratante para el sol y las gafas oscuras.
Con ganas, pero también con paso lento, nos dirigimos a las camionetas que nos llevarían a recorrer los más de 200 kilómetros de distancia por la zona de volcanes y montañas. Gruesas nubes nos acecharon por doquier a lo largo del camino. Pocas veces la luz fue total. En medio de una zona de rocas extrañas, con forma de árbol, según el guía, nos detuvimos para hacer registros fotográficos. Alguien se adormeció, le pusieron música con más volumen del disfrutable y pronto se despabiló.
El aire estaba de fresco a frío, pero seco. La vegetación parece no existir, pero sí hay, sólo que en una forma que no es tan posible visualizar para quienes no conocemos estos parajes, tan particulares. Al punto que al ver comer a las vicuñas o a las llamas, alguien preguntó: ¿De qué se alimentan? El conductor y guía contestó rápido y con picardía: “Comen piedritas, no ven como comen las que hay ahí. Y la verdad que había millones de piedras y parecían comer las mismas, pero no, era una ilusión. Unas hierbas muy escasas, apenas visible, habían entre piedra y piedra.
Bajamos casi sin ganas pero, tan pronto tomamos contacto con el aire matutino, todo cambió. Un poco de mate amargo -que unas argentinas, de la provincia de Formosa, llevaron consigo- nos despabiló, finalmente. Las imágenes que logramos fueron excelentes, nada parecido hasta ese día. Pero eso es poco decir con respecto a lo que una vez con los pies en la tierra ocurrió. Es decir, bajar… habíamos bajado, pero el despertar fue lento.
El contacto con tanta belleza, con esas nubes al alcance de la mano, parecía irreal. Cada color, cada textura era sumamente disfrutable. Sí, lo interesante es que nosotros, los de ese grupo, nos sentíamos dispuestos a disfrutar. Mas, nos costó más de mil bolivianos, asimilar aquellos rayos de luces que partiendo tras las nubes se depositaban sobre el árido suelo que se extendía a todo lo largo y ancho de nuestra experiencia sensible visual. No podía ser, sin embargo, era simplemente hermoso. Por otro lado, algo no estaba del todo comprensible. Aquella luz era parecida a cualquier rayo de luz, pero tenía una suerte de cosa rara, extraña, difícil de explicar con palabras.
Uno de los jóvenes del grupo lo expuso así: “El sol ilumina a algunas rocas y luego se desvanece. Incide sobre algunas porciones del terreno y se va. Como quien alumbra con una linterna una porción de superficie, pero no cualquiera, una superficie determinada, una y otra vez, como resaltando el lugar”. La zona estaba a poca distancia, sin ser posible precisar a cuánto. Cerca sí, pero indeterminable, a simple vista. Los rayos partían de una nube que parecía no moverse, a pesar del escaso viento en superficie. Pero esta superficie sobre la que posábamos los pies estaba a tanta altura como suele estar alguna nube, cualquiera. Y cual señal del tipo de las de clave morse aquella luz comenzó a titilar, a encenderse y apagarse. El haz de luz aparecía y desaparecía, con un ritmo, con una frecuencia que no medimos, pero era rápido primero y lento después. Todo duró unos diez minutos. No más.
Las fotografías no se hicieron esperar y realizamos el registro pertinente, pero el viaje debía continuar. No fue posible chequear las imágenes enseguida. Sólo en la paz de la noche recordamos aquellas porciones de luz, su ritmo. Alguien propuso que eran una suerte de señal. Pero la pregunta que surgió entonces fue: ¿Quién emitía la señal? A lo que seguían preguntas como: ¿con qué fin?; ¿Por qué nosotros y no otros podíamos ver esa suerte de señal?
Las preguntas aún hoy, tres años después, siguen sin respuestas. Con el grupo observamos varias veces las imágenes fijas. Nadie pudo filmar aquellos haces de luz. Si bien encendieron sus cámaras, no pudieron filmar. Ninguno. Hicimos revisiones cruzadas de los aparatos y nada. Algo pasó aquel día y no nos pareció prudente compartirlas con el servicio de vigilancia estatal…




Pedro Buda


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