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martes, 2 de febrero de 2021

Paisajes que inspiran para crear escritos de ficción



Hay paisajes y personas que nos ayudan a crear. Su actitud, su postura ante la vida nos ayudan a ver las cosas con otra mirada. Y de allí surgen posibilidades de crear, de sentir, de vivir una experiencia de tal modo que nos lleva a sentir la necesidad de crear ese relato que creemos debe estar allí, sobre la página en blanco, donde se vuelve real. 








































domingo, 12 de julio de 2020

Página en Blanco cumple tres meses y siguen mis notas en Ratón de biblioteca


Estimados seguidores u ocasionales visitantes del blog... No estoy perdido en medio de la tormenta de viento norte en la lejana tierra de las largas siestas e interminables tererés... No, estoy inmerso en medio de mis recientes proyectos. 
Se cumplió este sábado 11 de julio tres meses desde el primer episodio de Página en Blanco. Un proyecto en formato podcast que sale por la plataforma de Ivoox. Allí está mi canal Radio Huellas de Pedro Buda II  
El programa Página en Blanco va creciendo con la presencia virtual de los escritores invitados que se suman sábado a sábado. 

Desde aquél primer episodio cuando presenté el programa y compartí la primera entrevista con el escritor Carlos Omar Dive Quefau han pasado estos 12 episodios que me permiten hacer algo que me gusta. 
Es muy interesante lo que va surgiendo en cada episodio, los encuentros con los escritores y sus creaciones, con sus anécdotas y más cosas que van apareciendo en medio del espacio que denominé: "Charlando con el autor que está frente a la página en blanco". 

En este tiempo que se dio la pandemia y que nos llevó a paralizar nuestras actividades habituales surgió la idea de hacer este programa que sigue creciendo. Y me doy cuenta cuán feliz me hace poder seguir haciéndolo y disfrutando, cada vez, el encuentro que ocurre en cada entrevista, siempre por algún medio digital. 
La solidaridad de las personas es muy interesante, pues no sólo acceden a las entrevistas sino que me contactan con otras personas que acceden a ser parte de algún episodio. Y ello me permite seguir y con mucha alegría. Además, del espíritu colaborador y la camaradería que se nota, se establece una comunicación muy amena y por ello les estoy muy agradecidos a todos los que hasta el momento han colaborado con el programa y son parte de alguno de los episodios.  

La información sobre cada episodio la comparto en mi blog Nuestras Huellas en la Era Digital Allí se pueden encontrar imágenes, textos o vídeos  y/o algún enlace a sitios de los escritores.  
Para poder escuchar los episodios sólo es necesario descargar la aplicación y desde el propio celular accedemos. 
Los invito, entonces, a seguir los enlaces que puse más arriba y conocer el programa Página en Blanco. 
Los autores que ya estuvieron son: Carlos Omar Dive Quefau (Uruguay)
                                                        Mario Pittaluga (Uruguay)
                                                        Jacqueline Sellán Bodín (Chile)
                                                        Susana Nascente Sandoval (Uruguay)
                                                       Norberto Ruben Brom          (Argentina)
                                                       Diana Pinedo Ortega (México)
                                                       Roberto Luis Massi (Argentina) 
                                                       Pablo Herrero Coira (España)
                                                       César Alejandro García Pérez (Uruguay)
                                                       Adriana Gissél (Uruguay) 

Por otro lado, se publicó la décima nota para el sitio Ratón de Biblioteca, el portal español donde me permiten publicar como corresponsal desde Uruguay. 
Vaya desde Montevideo mi agradecimiento a Pablo Herrero Coira por la oportunidad de escribir para ese medio. 

Captura de pantalla del sitio Ratón de biblioteca

domingo, 23 de febrero de 2020

La señal

La señal es el título del cuento que comparto más abajo. Forma parte del libro "Cosas curiosas en los caminos de las cumbres". Si bien todo lo escrito en el libro es ficción, algunos pobladores dicen haber escuchado o visto cosas extrañas en la zona del salar de Uyuni, y fue eso lo que me motivó a escribir este libro de cuentos.

La imagen fue registrada por Walter Rotela 

La señal


Salió la travesía por la zona de volcanes el tercer día de las tan planificadas vacaciones. Estaba fresco y parcialmente nublado. El pronóstico indicaba momentos de lluvia, pero serían periodos cortos, donde la mayor probabilidad era de agua nieve. Eso es raro para quienes no vivimos en zonas de alta montaña, pero no para quienes habitan arriba de los 3.500 o 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la zona de la precordillera.
Salimos a las 4,30 de la madrugada para poder registrar la salida del sol. Eso era un esfuerzo importante por cuanto estuvimos bebiendo un vino de la región hasta entrada las dos de la madrugada. Pero el cuerpo aguanta, aguanta y aguanta. Un trago de café bien amargo siempre repone de aventuras nocturnas. La salida se pospuso una media hora por nuestra culpa. Era difícil despertar y aprontar lo necesario para el día. Una mochila cargada con lo básico para darse un baño en las zonas de aguas termales, un poco de crema hidratante para el sol y las gafas oscuras.
Con ganas, pero también con paso lento, nos dirigimos a las camionetas que nos llevarían a recorrer los más de 200 kilómetros de distancia por la zona de volcanes y montañas. Gruesas nubes nos acecharon por doquier a lo largo del camino. Pocas veces la luz fue total. En medio de una zona de rocas extrañas, con forma de árbol, según el guía, nos detuvimos para hacer registros fotográficos. Alguien se adormeció, le pusieron música con más volumen del disfrutable y pronto se despabiló.
El aire estaba de fresco a frío, pero seco. La vegetación parece no existir, pero sí hay, sólo que en una forma que no es tan posible visualizar para quienes no conocemos estos parajes, tan particulares. Al punto que al ver comer a las vicuñas o a las llamas, alguien preguntó: ¿De qué se alimentan? El conductor y guía contestó rápido y con picardía: “Comen piedritas, no ven como comen las que hay ahí. Y la verdad que había millones de piedras y parecían comer las mismas, pero no, era una ilusión. Unas hierbas muy escasas, apenas visible, habían entre piedra y piedra.
Bajamos casi sin ganas pero, tan pronto tomamos contacto con el aire matutino, todo cambió. Un poco de mate amargo -que unas argentinas, de la provincia de Formosa, llevaron consigo- nos despabiló, finalmente. Las imágenes que logramos fueron excelentes, nada parecido hasta ese día. Pero eso es poco decir con respecto a lo que una vez con los pies en la tierra ocurrió. Es decir, bajar… habíamos bajado, pero el despertar fue lento.
El contacto con tanta belleza, con esas nubes al alcance de la mano, parecía irreal. Cada color, cada textura era sumamente disfrutable. Sí, lo interesante es que nosotros, los de ese grupo, nos sentíamos dispuestos a disfrutar. Mas, nos costó más de mil bolivianos, asimilar aquellos rayos de luces que partiendo tras las nubes se depositaban sobre el árido suelo que se extendía a todo lo largo y ancho de nuestra experiencia sensible visual. No podía ser, sin embargo, era simplemente hermoso. Por otro lado, algo no estaba del todo comprensible. Aquella luz era parecida a cualquier rayo de luz, pero tenía una suerte de cosa rara, extraña, difícil de explicar con palabras.
Uno de los jóvenes del grupo lo expuso así: “El sol ilumina a algunas rocas y luego se desvanece. Incide sobre algunas porciones del terreno y se va. Como quien alumbra con una linterna una porción de superficie, pero no cualquiera, una superficie determinada, una y otra vez, como resaltando el lugar”. La zona estaba a poca distancia, sin ser posible precisar a cuánto. Cerca sí, pero indeterminable, a simple vista. Los rayos partían de una nube que parecía no moverse, a pesar del escaso viento en superficie. Pero esta superficie sobre la que posábamos los pies estaba a tanta altura como suele estar alguna nube, cualquiera. Y cual señal del tipo de las de clave morse aquella luz comenzó a titilar, a encenderse y apagarse. El haz de luz aparecía y desaparecía, con un ritmo, con una frecuencia que no medimos, pero era rápido primero y lento después. Todo duró unos diez minutos. No más.
Las fotografías no se hicieron esperar y realizamos el registro pertinente, pero el viaje debía continuar. No fue posible chequear las imágenes enseguida. Sólo en la paz de la noche recordamos aquellas porciones de luz, su ritmo. Alguien propuso que eran una suerte de señal. Pero la pregunta que surgió entonces fue: ¿Quién emitía la señal? A lo que seguían preguntas como: ¿con qué fin?; ¿Por qué nosotros y no otros podíamos ver esa suerte de señal?
Las preguntas aún hoy, tres años después, siguen sin respuestas. Con el grupo observamos varias veces las imágenes fijas. Nadie pudo filmar aquellos haces de luz. Si bien encendieron sus cámaras, no pudieron filmar. Ninguno. Hicimos revisiones cruzadas de los aparatos y nada. Algo pasó aquel día y no nos pareció prudente compartirlas con el servicio de vigilancia estatal…




Pedro Buda


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