sábado, 3 de mayo de 2014

Radio Huellas de Pedro Buda II

Inauguro a partir de la fecha 03-05-2014 una forma más de difusión de mis entrevistas y materiales de audio. Su nombre radio Huellas de Pedro Buda II.
Inicia este nuevo ciclo con la entrevista mantenida con el escritor C. Omar Dive Quefau.
Pueden acceder en la barra lateral de este blog a escuchar la entrevista o ir a radio Huellas de Pedro buda II


*Se mantienen los audios en radio Huellas de Pedro Buda, pero a partir de la fecha nuevos audios se subirán a radio Huellas de Pedro Buda II. 


viernes, 11 de abril de 2014

Fotografías de Esculturas de la Ciudad de San José

Ciudad de San José (Capital del Departamento de San José, Uruguay)


Calle Peatonal 


Plaza Principal

 
 Entrada del Teatro Bartolomé Macció







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Obras de arte de Hugo Nantes en Espacio Cultural de San José
Hugo Nantes fue pintor, escultor y ceramista uruguayo, de la Ciudad de San José (24 de enero de 1933 - 10 de marzo de 2009) 










Las imágenes se registraron el 5 de Abril, el penúltimo día de la Primera Edición del Festival Internacional de Fotografía - San José Foto. Disertaban, en ese momento, primero Luis Cobelo sobre fotografía latinoamericana, y luego el fotógrafo español Alejandro Castellote sobre fotografía asiática, según el programa que aparece en el sitio http://miramama.com.uy/fotografia/festival-san-jose-foto/ Más información en http://www.sanjosefoto.uy/





martes, 8 de abril de 2014

Formosa

“Tierra de largas siestas e interminables tererés” es la frase que acuñé hace algunos años para referirme a la ciudad y a la provincia del mismo nombre.
Se cumplen 135 años de la fundación de la Villa de la Vuelta Fermosa.
Salud a cada uno de los pobladores, a cada ciudadano,  a cada hombre originario, a cada criollo, a cada extranjero que optó esta tierra como la suya.
Aún viviendo lejos recuerdo a la tierra donde nací y la saludo en su día.

Vaya mi deseos de prosperidad para sus habitantes. Son los deseos de quien lleva a delante este blog: "Huellas de Pedro Buda - el formoseño"



La provincia de Formosa se extiende entre los paralelos 22° y 27° de latitud sur y los meridianos 57° y 63° de longitud oeste de Greenwich. 



martes, 1 de abril de 2014

Cuento: UN PEDAZO DE CHURRASCO

Una tarde, cerca de las siete y media, volvía del trabajo en el ómnibus que me devuelve a la paz del hogar, del barrio, cada día. El chofer venía tranqui y el guarda canturreaba la cumbia que pasaban en la FM. Casi siempre la misma selección de temas musicales a esa hora. De pronto, todo se precipitó, como una película de acción.
Yo viajaba en la última fila del colectivo urbano, por lo que, primero escuché los gritos del guarda y después seguí, por espacio de una cuadra, viendo la calle desde el ventanal trasero del coche. Eso fue hasta que me bajé en la siguiente parada; porque reconocí el auto de un amigo en el lugar, y me dije: “Tengo que bajar”.
El guarda gritó: “¡Qué animal!... ¡Qué animal!”  Los pasajeros, que éramos del barrio en su totalidad, nos inclinamos sobre las ventanillas para mirar. Un tipo, algo pasado de peso, y grandote, robusto, estaba tirado en el suelo frente, en parte,  y al costado de un auto, que reconocí como el de un amigo. Por eso fue que atiné a bajar de inmediato.
Junto conmigo bajó un Policía, que también, por casualidad viajaba en el mismo coche. Éste intervino de inmediato en la situación que estábamos siguiendo desde detrás de las ventanillas del transporte urbano. Corrimos a la esquina y desde allí hasta la mitad de la cuadra donde, el que estaba tirado, se incorporaba y, junto con otro hombre, intentaba golpear a un joven que estaba montado en una bicicleta. ¡De no creer!
El tipo que, momentos antes, estaba tirado en el suelo tenía,  a la altura de la rodilla, el pantalón roto y sangraba. Sin embargo, se arreglaba para tirarle unos golpes al de la bicicleta que estaba de pie a esa altura y tan atónito como yo. Era algo insólito.
Mi amigo estaba paralizado tras el volante de su auto, con la mirada fija y sin poder hablar. Pero al ver al grandote levantarse, acercarse al de la bicicleta y tirarle un puñetazo, salió como tromba de su asiento, tras el volante. No lo podía creer. Un segundo antes, el enorme tipo estaba tirado en el suelo gritando: “¡Hay! ¡Hay! La puta que lo parió…”
Había salido de una camioneta, era el conductor del vehículo. Salió sin mirar para atrás. Lo supe, entonces, pues me lo contó mi amigo:
“Se bajó sin mirar y no pude esquivar…” Contó, mientras volvíamos al coche suyo y se disipaba la cosa al costado.
  El vehículo, que conducía el hombre de la rodilla sangrante, se detuvo de golpe y el conductor salió sin mirar, y fue cuando mi amigo lo envistió o lo tocó, porque claramente no le dio de lleno, pues tras caerse volvió a levantarse y fue tras el chico de la bici. Eso lo pude ver al estar cerca de la escena, corriendo tras el Policía. Vi que le sangraba la pierna a la altura de la rodilla. Todo se desarrollaba a una velocidad pasmosa. El Policía intervino separando a uno de los agresores del chico -el acompañante del conductor- que también había bajado de  la camioneta, y sin reparar en el caído, fue tras el joven para lanzarle un puñetazo. Éste impactó de lleno en el rostro del sorprendido ciclista pero pudo mantenerse en pie. Una locura total…

En minutos no quedó nadie en la calle, volvía el barrio a la tranquilidad de siempre. Yo fui en busca de un mate amargo con la patrona.
Dos días después  mi amigo mandó a reparar su auto. ¡Sorpresa! Nunca creyó él, y mucho menos el mecánico, encontrar lo que vio y comentó así:
̶  Isidro… no lo vas a creer. ¿Sabés lo que encontré en tu auto?
̶  No ¿qué?
̶  Un pedazo de churrasco a medio podrir…
̶  ¡Qué! No… yo no comí nada y tiré ahí.
̶ No… un pedazo de churrasco del bepi ese, el del accidente.
Pedro Buda
Walter Rotela
2014


domingo, 30 de marzo de 2014

Reportaje: Al Trote

Para leer la nota completa, escuchar el audio de la entrevista con Félix Ruíz y ver las fotos registradas el 30 - 03- 2014 en la zona del Prado visita Huellas de Pedro Buda - Comunicador
Ni la lluvia detiene a los deportistas





Después de correr es importante volver a realizar ejercicios de estiramiento






jueves, 27 de marzo de 2014

Cuento: CAMARADA FOTÓGRAFO

Esto es lo que se escuchó mientras conversaban unos hombres en el ómnibus la mañana siguiente al partido.
̶  ¡Vio lo que pasó anoche camarada oficinista!
̶  Sí, lo vi camarada peón. Lo vi por la televisión.
̶  Una cosa de no creer… cómo el camarada policía arremete contra el camarada fotógrafo.
̶  Bueno, pero es un camarada fotógrafo…
̶  ¿Y? ¿Qué tiene que ver?
̶  ¿Y no sabe? Los camaradas fotógrafos no son lo mismo que los otros camaradas…
̶  ¿Por?
̶  Los camaradas fotógrafos portan cámaras…
̶  Sigo sin entender…
̶  Las cámaras son un arma, camarada. Son un arma.
̶  No entiendo camarada oficinista. Es como decir que usted, camarada oficinista, tiene por arma su maquinita de escribir y su corbata.
̶  Pero le digo que el camarada camarógrafo porta un arma, la cámara. ¿Cómo va a mostrar lo que hace el camarada policía?
̶ Sigo sin comprender, camarada oficinista. No veo yo un arma en una cámara. No comprendo ¿cómo un camarada trabajador, que lleva una cámara, esté haciendo algo malo? Explíqueme usted, camarada oficinista.
̶ No hay nada que entender, nada, camarada peón. Usted dedíquese a lo que hace, y nada más camarada. Usted haga la mezcla, alce los baldes y punto, camarada. No hay nada para pensar.
̶  Pero…
̶  ¡Pero nada!, camarada peón. Pensar es cosa de otros, no de los camaradas peones, tampoco de nosotros los camaradas oficinistas, pero vio. Usted es peón, camarada. Yo, soy oficinista. Cada cosa en su lugar. Ahora, le digo: el camarada fotógrafo portaba una cámara de fotos.
Pedro Buda
El país del nunca jamás- Año 2.424 después del mundial 


lunes, 10 de marzo de 2014

Cuento: LA SILLA DEL PESCADOR FANTASMA

A orillas del río San José, sobre un costado de la ruta 45 y del puente que lo cruza, puede verse claramente una silla reposera. Está algo herrumbrada, lo que es un claro signo, de por sí, del paso cierto del tiempo. Lo marcan además las tiras rotas que antaño sujetaban a alguien sentado allí, y que miraba su caña, su línea de pescar y la otra orilla.
Todo el que viene mira aquella silla, pero nadie la quita del lugar, nadie la corre, nadie dice nada. Ese silencio cómplice tiene su punto de origen en una leyenda que circula en las cercanías del río, a orillas del puente y un poco más allá. No todos conocen bien el relato. Muchos menos son los que pueden testificar que el caso es cierto.  Pero la leyenda está presente y, después de unos vasos de buen vino, algún lugareño accede a contar. Pero no fue como yo me enteré del asunto. En realidad fue de otro modo.
Había visto en una primera incursión al lugar unas hermosas plantas de higo. Quise volver por algún fruto y lo hice, pero fue más que eso lo que encontré. Hallé a un experimentado hombre de campaña, de unos setenta años, conocedor de mil historias del lugar y que en su bicicleta andaba recolectando algunos higos maduros para comer en el momento. Lo hizo, compartió esta historia y algunas más; luego se subió al biciclo y prosiguió su rutina diaria.
̶  Vio la silla que está al lado del puente –me dijo cuando le conté que había visitado el lugar.
̶  Sí, una herrumbrada, que está en un claro junto a la entrada –contesté.
̶ Bien, esa silla está ahí desde el verano del ’76…
̶ ¿Tanto tiempo…?                              
̶  El tiempo es relativo mi hijo, el tiempo es relativo… o no leyó lo que dijo Einstein… La expresión me sorprendió y calé que el hombre no era un tipo cualquiera, un simple labrador, un gaucho, lo que era previsible pensar al mirar su bombacha, boina y alpargatas que llevaba bien calzadas. Su bicicleta de media carrera era vieja pero en un muy buen estado. Supe que debía escuchar atentamente lo que tenía por contar.
El hombre mayor era una especie de Quijote, aunque bien cuerdo, muy lúcido, pero su apariencia escuálida daba una impresión que se caía al verlo manejar su cuchillo de larga hoja, de mango de madera que lucía tan añosa como su portador.  
̶  ¿Así que vio la silla? –continuó. Mirándome fijamente a los ojos cuando habló.
̶ Sí, la vi. Y pensé, en un primer momento, que podría ser de alguno de los pescadores que estaban en las cercanías. Pero, al mirarla más detenidamente, me pareció que estaba allí desde cierto tiempo. Sin embargo, nadie la tocaba. Andando por la orilla también vi una caña de pescar, de esas comunes de caña silvestre que sale a orillas de esteros o lagunas, con su tanza y un anzuelo, escondida entre arbustos, pero visible a simple vista. Sin embargo, nadie la tocó. Y ninguno que estuviese pescando tenía por qué esconder una cañita, pero me pareció claro también, nadie toca lo que no es suyo, al menos en estas orillas.
̶ Así es jovencito… Perdón, pero comprenderá que a mi edad, sea usted un jovencito…
̶ Bien… pero no me cuezo en el primer hervor… -nos reímos juntos y mostró una sonrisa tranquila, calmada, con mucho de sabiduría, de años vividos…
̶ Mire… esa reposera está ahí después que el cuarto hijo - de los ocho- de doña Genoveva y don Tránsito, el Lito, fuera a pescar una tarde de Semana Santa, dicen que un viernes, y no volvió. 
̶ ¿Y qué le pasó?...
̶ Ahora le cuento… -dijo esto al tiempo que cortaba unos higos que estaba sacando de una de las tres higueras del lugar. Sólo sacaba las maduras y las comía, como quien apetece una golosina después en la media tarde.
Resulta que el Lito fue a “pecar”… ¡qué digo! Fue a pescar… Bueno, la madre siempre dijo que fue un pecado el ir un Viernes Santo a pescar. Por eso lo menciono. Ese día doña Genoveva fue al templo a participar de las ceremonias religiosas y cuando volvió el Lito se había marchado a la costa del río. Era tiempos difíciles esos.
̶  Tiempos de noches oscuras…
̶  Eso… bueno, pero ¿quién sabe? Lo cierto es que  el Lito fue con su caña de pesca y llevó también su escopeta WINCHESTER, calibre 12. La tenía impecable. Yo la vi varias veces en su casa junto con su padre, don Tránsito. Se cuenta que vio un ciervo y no aguantó, dejó la caña ahí, la silla y se largó a cruzar el río a nado. Llevó su escopeta en alto y fue a perseguir al venado.
̶ Pero el hombre era cazador, conocía la zona, supongo. Es raro que se perdiera, por ejemplo.
̶  Bueno, ahí está la cosa… Quizás no se perdió, sino que lo perdieron… no sé si me entiende.
̶ Sí claro… ¿Así que desde ese día no se lo volvió a ver?
̶ Así es. Y la silla quedó allí nomás. Nadie la ha quitado en todos estos años. Doña Genoveva nunca quiso venir a ver el lugar. Don Tránsito se acercó un día, una siesta y se sentó largo rato allí mismo mirando la otra orilla. Después de ese día nunca más volvió y nunca más volvió a ser el mismo. El Lito desapareció como si le hubiese tragado el monte. Y se sabe que los Viernes Santos la pesca es buena en esta zona, pero no otro día más. Por eso, a esa silla que usted vio le dicen: “la silla del pescador fantasma”.
̶ Interesante historia… -le dije, al tiempo que el hombre subía a su bicicleta con luz delantera y gato trasero.
̶ Lo es. Pero no es cuento, pasó hace tiempo y muchos no quieren hablar del asunto, pero a la silla nadie la toca ¿vio?
Pedro Buda
Walter Rotela

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