jueves, 30 de abril de 2026

Un punto en medio del universo

 

                                          Imagen tomada de la red

Descargué esta imagen porque me impresionó desde el primer instante. Tal como otrora (1994) Carl Sagan nos señalara, bajo el título Un punto azul pálido  -al solicitar que la sonda espacial Voyager volteara hacia la Tierra para vernos desde esa perspectiva… y nos revelara cuán diminutos somos en la vastedad del cosmos, hoy, con esta imagen tomada desde la nave espacial Orion, de la misión Artemis II, podemos volver a pensar en casi cualquier cosa vinculada a la tierra y a sus habitantes, con una perspectiva diferente a la que a diario miramos, y similar a aquella mirada propuesta por Sagan.

Tanta postura grandilocuente, tanta importancia que concedemos a algunas cosas o situaciones, tanta magnificencia de personas o situaciones, que pierden sentido, con una mirada más distante, reflexiva, cuestionadora, inquisitiva, meditativa.

Me pregunto si tantos años luz nos separan de las civilizaciones más próximas, si tanta distancia no comprensible nos acerca o aleja de vidas inteligentes, ¿Por qué nos autodestruimos a cada instante?

A diario noto la irritabilidad generalizada, la violencia que se manifiesta a cada dos por tres en calles, conversaciones, no importa por donde estemos… ¿Qué perseguimos en ese afán de mostrarnos más que el otro? ¿Cuánto más somos, cuánto menos? En total, todos somos menos que nada… Menos que un punto azul pálido…

Si el creador, o los creadores, según la creencia de cada cual, nos mira u observa, asumo que: o se ríe, o se lamenta; porque sin si quiera que intervenga, somos capaces de autodestruirnos de un modo u otro… Nos decimos inteligentes, pero tropezamos a diario con manifestaciones que nos hacen dudar de nuestra propia capacidad como grupo o como civilización, como especie. Claro, se cuentan por miles a quienes dignificar como claros ejemplos de manifestaciones humanas, por quienes sentir respeto y orgullo; pero al unísono, vemos manifestaciones en sentido contrario…  

Hay quienes hablan de un despertar de la conciencia, de un despabilarse de la humanidad y de un crecimiento o apertura a niveles de comprensión  mayor, y ojalá tengan razón, porque tal parece que si seguimos por sendas como las que vemos a diario, no será el rumbo para encontrar esas posibles visualizaciones de un mundo mejor.

Como expreso desde el inicio, quizás “todo” depende de una cuestión de perspectiva. Valoras el aquí y ahora, la circunstancia y lo que tienes o logras, más o menos, según la perspectiva. El extranjero que viene de una situación socioeconómica precaria, de un país en llamas, de una sociedad que se desintegra, ve al país que hoy habita como interesante, como la tierra prometida; pero el que nació aquí, y no vio otra tierra, desmerece por no poder comparar, lo que lo sustenta, más allá de los cambios o desajustes que pueda conocer, claro está.

Pero amén de ello, lo que de igual manera se ve, es esa suerte de antropofagia quizás no literal, sino más bien metafórica, pero sin dejar de ser esa connotación de asimilar lo interesante del otro, lo bueno, para concretar un algo nuevo a partir de ahí, sino en el sentido de destruir al otro, humillarlo, desintegrarlo.  

Quizás, por ese aislamiento al que sucumbimos al estar insertos en lo banal de la tecnología, -no en la propuesta más afín al crecimiento personal y comunitario por el manejo de más y mejores herramientas que ayuden al conocimiento y autorrealización-  sino al más elemental de satisfacción instantánea, con la imagen deslumbrante que impacta un segundo, para ser reemplazada, por otra, dos segundos después de la anterior, y así ad infinitum, es que estemos, en parte, perdiendo la perspectiva necesaria para lograr ese despertar que algunos pregonan adviene.      

En el entretanto, convoco a la mirada reflexiva, al respirar, a tomar distancia y a la introspección, para encontrar un sentido, a la carrera en la cual estamos sumergidos, donde a cada rato se escucha, “cómo se fue volando el tiempo”. La vida transcurre muy deprisa, o eso parece, entonces, tampoco vale dejar escapar la oportunidad para leer, pensar, reflexionar, redescubrir, meditar, crecer, iluminarse.


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Atte. Pedro Buda

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