Un joven adulto, me dijo
hoy: “Tú sí que tienes el poder. Más que Pedro… -refiriéndose a San Pedro, a quién Jesús de Nazaret le entregó las llaves del
Reino. Y así me quedé pensando en el asunto del «poder».

Hace años, alguien me
preguntó: ¿Qué haces cuando te sientes mal, cuando sientes que no
puedes más…? -palabras más, palabras menos, dijo eso. Y mi
respuesta – tras pensar un momento fue: “Recordar la primera - y
las otras veces – que en el camino de peregrinación a la basílica
de la Virgen de Itatí - Corrientes, Argentina - me tropecé, me
detuve, y sentí que desfallecía, que casi no podía más… Y, sin
embargo, me sobrepuse, me fijé una meta corta – el
siguiente hito en la ruta de camino al poblado de destino, y, luego
pensé en una meta mayor: “llegar”. Y
también, recordar que llegué. Y llegué varias veces, no
una, sino varias veces más. Siempre cansado, siempre dolorido, pero
sabiendo que hubo una primera vez que descubrí que podía, que era
posible llegar. Fue importante darme cuenta que se podía lograr
mucho más de lo que imaginaba.
La vida también me enseñó
que no todas las metas se logran, pero sí, que es posible intentar y
rescatar lo enriquecedor, lo que se puede aprender del camino. Cada
trayecto del camino enseña.
Cuando pienso en este asunto
del «poder» creo que es un importante ejemplo de poder, ese que te
lleva a -, a dar lo mejor de ti, a descubrir esa gran
fuerza interior y que, de no ser por una situación adversa o
compleja, más o menos difícil, no lograríamos visualizar en su
justa dimensión.
Recuerdo, sí, recuerdo una
situación adversa. Había estado varios días en coma inducido, con
complejas dolencias que estaban atenuadas, solapadas, en su expresión
mínima, por efecto de la potente medicación: calmantes para el
dolor. Días después de despertar, tenía escaso tono muscular por
efecto de los días de postración en la cama. Y debía recuperar ese
tono. Había que intentar caminar. Sí… Pero antes había que
lograr sentarse, luego estar de pie, y finalmente, dar el paso. A
esto le llamé: mi caminata lunar. Días después de los primeros
intentos, caminaba por el pasillo y apareció el médico que se hizo
cargo de mi recuperación, no el que estaba asignado, sino el que se
involucró con su paciente, el que tomó las riendas y luchó por la
recuperación del paciente. Me preguntó: “¿Estás caminando?
¡Bien!” Y le respondí: “¿Es lo que hay que hacer no?
Levantarse y seguir”.
Esto que comenté antes,
estos casos tomados de la vida, simple, de cualquiera, son - creo –
la verdadera cuestión. En eso consiste el asunto del poder, ese es
el verdadero poder. Ligado esto a la creencia que tengas, a la
filosofía que adhieras.
Pedro Buda
2022