domingo, 17 de enero de 2016

cuento - Un túnel bajo el agua


Estábamos pescando en las orillas de la bahía, en la zona oeste, a los pies del cerro. El viento era suave y dejaba una suerte de murmullo al pasar entre las columnas del muelle.
Unas cuantas gaviotas y biguás −quizás un poco más de un medio centenar− parecían tomar el sol, apacibles, sobre unas desvencijadas estructuras de un antiguo muelle cercano. Los hierros, retorcidos y oxidados, mostraban el paso del tiempo en el nivel de deterioro que presentaban. También los restos de hormigón que faltaban por secciones, dan esa imagen de discontinuidad al antiguo muelle.
De pronto el pique comenzó a mejorar. Junto a mi esposa Juana y a una pareja de amigos disfrutaba de la tarde. Nuestros amigos, Matías y Sandra, contaron sobre algo que nos dejó intrigados. Conocieron, en la zona, a un marino retirado, un cabo dado de baja, que les contó sobre un túnel que empezó a construirse en plena época de la Guerra Fría.
El aire fresco invitó a degustar unos tragos de licor casero que teníamos en una bolsita de cuero, acompañarlo con bizcochos y el infaltable mate amargo
Juana estaba capturando imágenes, más que peces, aprovechando una potente lente que le habían prestado. Es verdad que poco le atrae la pesca, aunque siempre disfruta de estar al aire libre. Descansa, observa y después esas imágenes que registra las lleva al lienzo en momentos tranquilos. Sandra, en cambio, es periodista y tiene varios años encima. Trabajó  en varios medios del interior del país. Su curiosidad innata se amplifica por su formación como comunicadora. Su esposo suele decirle que no investigue tanto, que no profundice. Sin embargo, ella hace caso omiso de sus pedidos.
Sandra, como de costumbre, tomó la palabra e inició el relato del túnel que estaba allí, algunos cientos de metros adelante nuestro.
̶ Les digo que hay un túnel allí. No sé dónde exactamente,  pero se construyó en plena época de la Guerra Fría –dijo Sandra.
̶ ¿Un túnel? ¿Y para qué hacer un túnel si con una lancha trasladas todo lo que quieras? –Le propuse, al tiempo que recogía entusiasmado con el reel alguna pieza que creía había en el otro extremo del hilo.
̶ Eso si te importa o no que alguien vea lo que trasladas y cuando lo haces, etc. , etc. ¿Pero... qué si no quieres que nadie sepa lo que estás haciendo, y que eso suceda en las narices de todos? –Preguntó con una sonrisa Sandra.
̶ Vos y tu creencia de que siempre hay cosas ocultas. Aunque, para ser sincero, tantas veces la labor de ustedes los periodistas lleva a conocer lo que no nos quieren decir los gobernantes a la gente de a pie. Justamente por eso te quiero y te respeto negra −Le dijo, con su típica voz ronca de fumador, Matías.
̶ Mirá, la cosa del túnel me lo contó un tipo, un marino retirado, aseguró Sandra.
̶ ¿Y qué fue lo que te contó el hombre? –pregunté, a esa altura, con algo más de entusiasmo, tras guardar la presa capturada y encarnar de nuevo.
̶ Pues... como les dije, en pleno contexto de la Guerra Fría, los verdes construyeron un túnel desde sus instalaciones a la isla. El objetivo era instalar allí lanzas cohetes. Y eso no podía estar a la vista de todo el mundo, claro. El tipo contó que habían traído una máquina excavadora, que trabajaba bajo el lecho del río. Se colocaban caños de un diámetro adecuado, que tenía una superficie plana. Es decir, no era un cilindro completo, sino que tenía una superficie plana que iba hacia abajo y lo convexo hacia arriba, dejando un espacio interior plano en la base.
̶ ¡Qué loco! Parece un disparate. ¿Quién haría semejante trabajo sin un sentido muy claro? No lo creo, no –comentó Matías.
̶ Bueno, yo que sé. Pero lo empecé a investigar –aclaró Sandra. Parece que la idea era, sobre esa superficie, colocar rieles para transportar cosas en unas chatas muy pequeñas. Como para colocar una suerte de zorra diminuta en el cual transportar incluso hombres acostados, que así serían trasladaos de un punto al otro. Mientras en la superficie se mostraría alguna lancha que otra sin mucha actividad. Todo lo importante estaría bajo la bóveda del tinglado que aún vemos hoy, pero, en realidad bajo la superficie, por debajo del nivel del mar.  
̶ Estaban enfermos –dije. Un gasto enorme... Pero interesante saber si es cierto ¿no?
̶ ¿Te parece? Si dicen que no se puede construir un túnel para subtes, no creo que construyan un túnel para eso –intervino Juana que estaba por fuera de la conversación aparentemente, pero, en realidad, estaba siguiendo el hilo de la misma. No sé lo que ustedes pueden llegar a ver, pero con estas imágenes que acabo de obtener se puede apreciar que era posible armar algo bajo esa inmensa estructura. Pero no creo que hayan edificado nada.
Sandra continuó el relato brindando detalles de la construcción. Pero recién al final aclaró que el hombre que les había relatado todo eso, lo hizo en medio de una reunión, durante la cual estaba bastante alcoholizado, como era costumbre desde hacía un tiempo a esta parte de su vida. Lo habían dado de baja por esa misma causa más un expediente de demencia a causa de lo mismo y nunca más había conseguido un trabajo fijo. Sin embargo, él aseguraba tener conocimiento de la construcción.
Cuando empezaba a caer el sol, mirábamos hacia el oeste para disfrutar el final de la tarde. La misma imagen alargada del sol sobre la superficie del agua semejaba un túnel cuyo final se hundía lentamente bajo el agua.
Pedro Buda
2015
 
Un túnel bajo el agua - 
CC by - 
Walter Hugo Rotela González 



*Este cuento forma parte del libro Serie Túneles 
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