martes, 18 de agosto de 2015

CAZADORES MOTORIZADOS

Hoy me sorprendió ver un asalto, una modalidad de ataque que me hizo pensar en una jauría. 

Delincuentes motorizados rodean el auto, que está detenido en un semáforo. Abren las puertas y el factor sorpresa hace que no atines a poder hacer nada. Todo ocurre tan rápido que casi nadie se percata de lo que pasa. Cada uno está inmerso en el cambio de luces del semáforo, en los otros vehículos, y, nunca esperas que alguien baje de una moto y te abra la puerta. La rapidez hace que cuando alguien percibe lo que realmente está pasando, los tipos levantan vuelo y se pierden.
   Es después, cuando al fin de tanto cavilar, que te das cuenta que estas acciones cotidianas son, para el señor ministro, una cuestión de números estadísticos, o; para la señora ministra, una sensación; pero para ti, es la triste situación entre la vida y la muerte, entre salir a dar un paseo el fin de semana o quedarte "encerrado" en tu casa, por miedo a la inseguridad; entre creer que eres libre o darte cuenta que eres prisionero en la propia ciudad. Prisionero, rehén  de delincuentes...
   Modalidad semejante vi hace poco en un video captado por un transeúnte, en el mismo centro de Montevideo. Y todo sigue a pesar de las cámaras, del equipamiento sofisticado. A veces parece que la puja en el juego de policías y ladrones, las ganan los segundos.
   La sincronización del ataque me sugiere, claramente, una acción muy bien coordinada. Hay una estrategia, un accionar cuidadoso. Primero se escuchó el rugir de las motos –como para impactar, confundir, atemorizar- luego la acción fugaz, rápida y luego la huida. Tan rápido, que no todos los que estaban esperando el cambio de luces se percataron o lo hicieron al mismo tiempo.
   De lo único que estoy seguro es que, antes de ponerse en movimiento en un vehículo, habrá que tener la puerta bien cerrada. ¿Será suficiente? ¿Y si es una moto en lo que te trasladas?
   Un taxista me contaba, días atrás, cómo había sido asaltado en varias oportunidades con trucos que te obligan a detenerte y me dijo: "La próxima no freno, no freno". El problema es que –le dije- si lo pisas vas preso vos, si te defiendes y disparas un arma, igual. Conclusión: somos rehenes, prisioneros en la propia ciudad, aunque siempre habrá quien saque estadísticas para mostrar el limbo en el que vivimos, comparados con...  

*Esta entrada no será acompañada con ninguna imagen. Cualquiera es capaz de imaginar, aunque sea un poco, lo vivido por las persona a bordo del vehículo que asaltaron en un semáforo. Circundado por otros tantos vehículos y sus ocupantes, y por estos delincuentes acorralando las puertas de su auto, a sus ocupantes shockeados, sorprendidos, sin respuesta.

 **Esto no es un cuento. Lamentablemente es no ficción, es en parte una crónica, y un poco de una reflexión compartida. 
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