viernes, 7 de diciembre de 2012

cuento: Noche de luna llena


Noche de luna llena
̶Shisss -dijo Don Diego.
̶Bueno, bueno –respondimos nosotros, los buscadores de aventuras en noches de luna llena.
El cielo se fue tornando cada vez más oscuro, los sonidos invadían la escena. Los matices de rojo y amarillo dejaron paso al monótono negro. Sólo unas luciérnagas invadían, en esa espesura, los pastos cortos del parque, del campo -otrora verde claro, con matices de verde inglés y azul verdoso.
Se imponía en el firmamento, poco a poco, con mayor fuerza, sin nada que la detenga, la luna llena. Como una mujer seductora, como una gran dama que sonríe y deslumbra, al tiempo que deja escurrir su daga en tu vientre, la luna, estaba allí, imponente.
Observamos el nido del tero, a la pareja que con reclamos en forma de graznidos, chillidos nerviosos, movimientos amenazantes de sus alas, corridas y picotones, nos decía: “este territorio es nuestro hogar; nuestra prole descansa y no son bienvenidos los curiosos nocturnos”.
Dejamos atrás la noche y nos metimos de lleno sobre las brasas del parrillero, en derredor de la mesa compartimos cuentos de boliche, anécdotas de vidas pasadas, viejos recuerdos que repetimos en noches de luna llena, justo antes de…
Entre cuentos y anécdotas de un tiempo imposible dejamos pasar el tiempo que, sin darnos cuenta, llegó a su justo medio, principio del fin.
Doce de la noche… Noche de luna llena.
Sin premeditación, sin saber cómo, el hombre que en su interior tenía al lobo, se convirtió en el animal de piel rojiza. Aulló… aulló… ante la luna azul, ante la gris y ante la blanca, la misma luna en sus distintas fases, con distintas fauces en noche de luna llena. Blandió el vil metal y lo dejó desaparecer tras la pálida materia del ser… mas nada pasó.
El atacado, sonriente pronunció el hechizo, la conjugación del viejo verbo, la palabra. El signo pronunciado fue… el acto declarativo se escuchó: “te declaro inocuo”
̶Shisss dijo Don Diego…
̶Pata de cabra –se animó a articular Juan. Los otros… ni mu. Calladitos sorbieron hasta la última gota de aire. Se cortó la noche. 
La luna llena llevó sus pasos hasta el amanecer.

Pedro Buda 2012


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