martes, 27 de junio de 2017

El hombre de la cloaca



Una tarde, mientras caminaba por la ciudad, con mi hija pequeña de la mano, vimos a un hombre dentro de una gran fosa.
   El hombre parecía un ser pequeño, un minúsculo grano de arena en medio un enorme médano  informe. Casi imperceptible, en medio del todo. Una pieza visible, sólo gracias a una suerte de gracia celestial, puesto que sobresalía por delante de su rostro, un par de gafas oscuras que no disimulaban su enorme nariz.
   Lo miramos por un inacabable minuto para luego olvidarlo para siempre. Sin embargo, en ese instante fue imposible no verlo, pues cual cucaracha salía de la fosa, de una cloaca. Este es un sistema que recibía las heces y orines de un importante edificio de gentes significativas, que trabajaba en sus prestigiosos puestos del buró central.
   Casi disculpándose por su presencia allí intentó esgrimir alguna frase o saludo, mas no fue así. Simplemente seguimos, casi, sin mirar atrás.
    Mi hija, sin embargo, miró una vez más y dijo - casi balbuceando - ¿quién es él, papi?
     ̶   Soy yo, aunque no te des cuenta, soy yo –contesté, sin querer contestar.
     ̶  No, tú estás aquí. No eres tú.
    ̶  Soy yo, en un momento que aún no llega, pero está ahí, en medio del espacio tiempo, en un cruce del camino, de las huellas del destino…
Walter Rotela
2014

Puedes leer también, en este blog <<Parte de su cerebro>>

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