viernes, 13 de mayo de 2016

Cuento: Soy Doctor

Los hechos relatados en este cuento se basan en algo que sucedió. Los nombres y parte de las situación fue cambiada, pero no lo principal de la situación.
Los invito a leer y luego a pensar sobre el tema.



Quien me relató el caso trabaja como guardia de seguridad, en el frente de una empresa bancaria prestigiosa, de la ciudad.
Una noche, ve aproximarse un vehículo a una zona donde habitualmente no se permite estacionar a los autos, pues ese sector de la superficie se ocupa para otros fines. Se acerca al conductor del vehículo y le solicita que retire el coche de la zona, pues la orden del gerente, expresamente, solicita que esa zona quede despejada de vehículos, por razones fundadas que sólo él conoce, y otras personas, poca; pero que no necesita explicar. Simplemente, como directivo de la institución así lo hace saber y debe cumplirse.
El conductor del coche se negó a mover el vehículo. No conforme con eso apagó el motor y se bajó.
La noche estaba fría, y el veterano guardia sintió que si le sumaba al frío el pasar un mal momento, quizás, solo quizás, le podría dar un infarto, entonces la dejó pasar. Pero le sugirió que por el bien de mantener su puesto de trabajo, retirara el coche de la zona, pues el gerente, en poco menos de una hora bajaría del  piso 21 y le recriminaría sobre el asunto del coche y hasta podría despedirlo.
El joven, con actitud desdeñosa, le increpó que no se metiera, que era un inservible, un inútil. A lo que el guardia le respondió que estaba muy equivocado. Le contó que, además de trabajar allí, era patrón de su propio negocio y poco más, pues entendió que su interlocutor comenzaba a burlarse y, además le increpó: "Mirá, si te parece te traigo una autorización firmada por tu gerente y certificada por un escribano".  
El guardia, se calló, se metió en la cabina de plástico donde pasa las noches como modo de protegerse de las inclemencias del tiempo. Contó hasta mil novecientos noventa y nueve y siguió.
El veinteañero conductor, no paró. Mientras se retiraba dejó muy claro su profesión: "Soy doctor, médico, me entendés".
El guardia se preguntó, entonces: "¿Para esta educación de nuestros hijos pagamos los impuestos? ¿Para esto nos descuentan del sueldo esto y aquello? ¿Para "educar" en qué valores estamos invirtiendo los ciudadanos?
Lo que me llamó la atención  −según me contó el guardia− fue la expresión del jovencito: "Soy doctor".
Pedro Buda
2016

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