martes, 28 de octubre de 2014

2618 líneas



Necesito dejar unas huellas más aquí o más allá de la inseparable línea rectilínea que nos separa, que nos une. Sí, esa línea que nos une y que está ahí en su forma, a veces muda; a veces ruidosa en el aparato que llamamos “monitor”, en las salas de Cuidados Intensivos de cualquier centro asistencial moderno que conocemos como hospital o sanatorio. 
Un lub dub surge espontáneo en un momento de la creación y ya nunca vuelve a detenerse sino hasta el final del juego.
Surgen estas formas de líneas y se unen a otras. Son un simple, o complejo, producto de otras líneas que creemos son los registros de lo que llamamos energía vital, expresiones de vida. ¿O unas y otras son productos de una forma más sutil de existencia que no desciframos aún y que, entonces, nos valemos de estas líneas, del lub dub, de éstas que surgen tras apretar mis yemas contra el teclado para darle cabida en esto que llamamos pensamiento?
2618 líneas-signos son necesarias para decir, para interpretar, para contar o para describir ese mundo que habita en el espacio virtual que creamos tú “lector-creador” y yo “creador-comunicador”.  Nuestro mundo lo habitamos juntos, como dos seres que se miran a través de un espejo que tiene aspecto de transparente cristal. Ese espacio donde nos vemos y reconocemos, entendemos y creamos nuestro contexto a medida, tejiendo con paciencia o no, el ambiente sonoro, el clima adecuado, la atmósfera apropiada para que el personaje se deslice y cumpla su cometido, es decir, acometer la acción. En otras palabras: “vivir”.
El calor se siente en la espalda desnuda que toca el respaldo de la silla o en el rostro que siente el deslizamiento de la gota de sudor que baja desde la frente y llega a las mejillas, se detiene y tras menearse durante un tiempo, el que tú o yo, o el que tú y yo convengamos –estimado cómplice de esta co-creación. Ésta que acaba de germinar, tomar forma y quizás, como otras manifestaciones de eso que llamamos vida, nos deje mudos al tomar sus propias decisiones y decida, seguir sus propios pasos, sin que tú o yo, podamos impedirlo. Porque es menester saber que llega un punto en que, ese tiempo llega. Tú y yo lo sabemos. Tú “lector-creador” y yo “creador-comunicador” nos damos cuenta que aquella complicidad que nos llevó a dar ciertos pasos juntos y darle forma a esto que llamamos una historia co-creada, una vida, se escapa y es continuada por otro lector-creador y quién sabe, quizás también otro creador-comunicador, imposible saber, detener esa manifestación que ¿quién sabe dónde se inició? Quizás en un punto que es, según dicen, una intersección de rectilíneas.


Pedro Buda 
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